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Se suicidan de la mano a los 86 años en un hotel de París

Esta pareja de ancianos opta por el suicidio al no poder obtener la muerte asistida.

Georgette y Bernard Casez eran esposos, franceses. Murieron de la mano, con una bolsa de plástico en la cabeza. Planearon su suicidio desde hace tiempo y dejaron una carta en que expresan su indignación ante no poder morir de forma asistida.

Se conocieron en la posguerra, en Burdeos. Se casaron y tuvieron dos hijos, uno de los cuales murió a los 21 años en un accidente automovilístico.

Bernard era economista y filósofo, con varias obras publicadas. Ella era profesora de latín y letras, autora de un libro sobre Proust y de manuales escolares, activa jubilada en Issy Les Moulineaux.

Los Casez eligieron para su muerte el hotel Lutetia en París, una construcción Art Nouveau que, en su tiempo, era visitada por Picasso, Malraux y Saint-Exupéry.

Fue el camarero quien descubrió los cadáveres. Les llevó el desayuno que habían pedido la noche anterior, como parte del plan para que los encontraran pronto.

Dejaron una carta dirigida al procurador de Francia, en que cuestionan el hecho de que las leyes no permitan el suicidio asistido.

Además, anuncian que su familia abrirá un caso ante el Estado, pues éste no respetó la libertad de la pareja. Existe otra carta en que Georgette pide a sus hijos que la sustituyan en el juicio.

El hijo mayor de la pareja declaró que sus padres habían tomado esta decisión hace muchos años. “Su preocupación era la dependencia y la separación más que la muerte”, explicó.

Existen diferencias entre el suicidio asistido y la eutanasia: en el suicidio asistido el paciente provoca su propia muerte con la ayuda de un medicamento, bajo asesoría médica y con apoyo de la familia o de alguna asociación que sustente la idea.

La eutanasia, en cambio, implica la intervención de un tercero para frenar los sufrimientos de una enfermedad incurable: no es llevada a cabo por el enfermo.

La muerte de esta pareja fue planeada en todos los detalles, serena, casi elegante. Y lo más importante: coloca el suicidio asistido en el centro del debate. ¿Por qué negar a los ciudadanos el derecho a una muerte digna?

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