Carta abierta a mi pretendiente

“Quiero quererte cuando pasen todas estas maripositas de este primer mes. (…) Te quiero conocer”.

¿Sabes qué? Te quiero conocer en serio.

Con peos hediondos y sonoros, roncando en mitad de la noche. Te quiero conocer cuando yo ande con la regla o cuando no me llegue y tengamos que tomar una decisión. Te quiero conocer cuando te quedís sin plata. Quiero que me gustís con tus cicatrices feas de la apendicitis y cuando te rompiste las rodillas intentando andar en skate. Te quiero conocer con tus historias más fomes y cuando estís chato de esta realidad tan charcha. 

Te quiero querer recobrando las energías luego de estar con la caña, viéndote frente al espejo medio panzón, medio desarreglado con la barba de náufrago o cuando estís igual pero te dé lo mismo. Quiero que me gustís cuando estís enfermo también, cuando se te haya salido una tapadura y estés chillando de dolor. O cuando estés viendo que un finde no te alcanza y tengas que sacrificar algo, por otro algo más importante o mejor. Quiero quererte cuando pasen todas estas maripositas de este primer mes.

Porque en verdad quiero saber cómo reaccionas cuando las cosas no son tan fáciles ni tan bonitas como han sido hasta ahora, quiero saber cómo reaccionas cuando tienes pena, cuando tienes rabia, cuando no estás de acuerdo conmigo.  Quiero estar ahí y que me sigas gustando cuando pase algo grave en tu familia o cuando pasa una situación difícil alguno de tus amigotes.

Porque en verdad es re-fácil, muy pero muy fácil que te guste alguien y que hasta sientas que lo quieres cuando todo es color de rosa como ha sido hasta ahora , cuando todo es bonito, alegre, con seis piscolas encima. Pero ¿y si no?

Todo resulta divertido cuando no hay dificultades y nos mantenemos algo así como compuestos para agradarle al otro que venís recién conociendo, cuando es fácil, pero yo te quiero querer también cuando no lo es. Te quiero conocer en serio. Te quiero querer.