El autoboicot

Por qué hay momentos en los que en vez de aprovechar las oportunidades solo hacemos lo posible por evitar que un gran momento sea tuyo.

Después de vivir una larga relación y un mal rompimiento, es clásico que nace en nosotros el terror a una nueva experiencia que exponga nuestros sentimientos.

Nos convertimos en tortugas con un gran y fuerte caparazón pero con un delicado cuerpo debajo de él. Escondemos nuestro ser en una imponente fachada llena de colores y cemento, la cual funciona y te mantiene protegida durante todo el tiempo que sea necesario. A veces es más del que quisieras.

Sin embargo, de un momento a otro puede llegar alguien que encuentra una pequeña grieta y consigue violar la fortaleza. Ahí comienza el terror.

Ahora mismo me encuentro en una situación parecida. Llevo tres años soltera, haciendo mi vida, sobreviviendo a la ciudad y sus vicios. Pero de un momento a otro apareció alguien que me vulneró. Al inicio hice lo de costumbre, me dejé llevar y no esperé nada. Obvio, hace años que no tengo más de una cita con el mismo chico. Más que eso solo me ha traído complicaciones. Así que como todas mis “relaciones” tienen fecha de caducidad no me esfuerzo más que por ser amable y suave.

Quizás para muchas mujeres estos dos puntos, amabilidad y suavidad van intrínsecos en ellas, pero la verdad es que para mi es bastante complejo. Y es que vivir en un mundo donde la competencia es desigual entre hombres y mujeres me ha convertido en una chica muy ruda. Son tantos años demostrando y explicando a los “machos” y a todos los que me rodean que no solo soy una decoración, que no voy a ir de la mano de nadie queriendo ser “la mujer de…”, que si estoy convencida de una idea no la voy a callar porque alguien no la encuentra adecuada para la situación o no sea la que le gustaría escuchar al hombre que está a mi lado; que me he convertido es una persona confrontacional. Y es que de verdad ha sido duro, y no estoy dispuesta a retroceder, busco mi espacio en la vida y para lograrlo he decidido ir contra todo lo que me lo impida.

Sin embargo, como ya les comenté en el camino he tenido que fabricar mi propia coraza para proteger mi parte sensible de todo lo que enfrentaré en el camino. Creo que todos tienen la suya, algunos más gruesas y selladas que otros, pero las tenemos.

Esta idea me ha mantenido alejada de las relaciones formales. Me he escapado de cualquier tipo de emoción romántica, con diversos trucos he mantenido alejado ese sentimiento tan íntimo de mi vida. No sé si consciente o inconscientemente he boicoteado todas mis posibles relaciones. Cómo preguntarán ustedes, bueno existen muchas formas para alejar la vulnerabilidad emocional de nuestro repertorio. Yo lo he hecho con el amor de pareja. Una vez en la primera cita con un chico que me gustaba mucho le dije que quería que supiera que conmigo no tendría ninguna alternativa de llegar más allá de un buen revolcón, que no me interesaba estar en pareja ni enamorarme de nadie. Recién nos habíamos besado. Sé que varias de ustedes estarán pensando que soy una imbécil, pero de verdad le tengo terror a las relaciones, entonces no encuentro nada mejor que boicotearlas antes de que se conviertan en una.

Pero ahora estoy en una situación que me confunde. Hace unos días conocí un chico increíble, es guapo, talentoso, intelectual, amable, sensible y escribe. Todo lo que he soñado mi vida entera. Sin embargo, yo qué he hecho solo desastres. Y es que no puedo sacarme esta maldita costumbre de encima. Me he comportado como una bruta, descubrí todo lo que le podría molestar y lo he hecho para ahuyentarlo. Estoy todo el tiempo esperando que sea un fracaso y que me diga que no me quiere volver a ver. ¿Pero por qué?

Aún no le digo eso de no querer una relación formal y es que la verdad creo que no es lo que realmente quiero. En este largo camino me olvidé del romanticismo, me olvidé de la sensibilidad, me olvidé de la amabilidad -darla y recibirla- y todo lo que pueda herirme. Pero ahora por primera vez me pregunto si es en realidad lo que quiero y si esta vez ya me salí con la mía de boicotear una hermosa posibilidad de ser feliz nuevamente.