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El rostro detrás de la Corporación Yo Mujer

Gracias al carisma y entrega de la fundadora Anita Cox, miles de mujeres en Chile no viven el cáncer de mama solas.

Una mañana común y corriente para la fundadora de la Corporación Yo Mujer, Anita Cox, es más que estar sentada en una oficina con un computador enfrente y revisando archivos. Las 24 horas de su día se ven inmersas entre su labor en el Instituto de Radiomedicina (IRAM) con los pacientes, en la corporación tratando de conseguir más auspicios y con su familia.

Son las 11:30 de la mañana, la Anita – como le dicen todos los que la conocen – aparece en la recepción del IRAM con su bata clínica y una sonrisa. Es inevitable vivenciar la alegría que transmite a su entorno mientras recorre el instituto. Se acerca una señora para saludarla y le cuenta que viene al control médico para ver los resultados de su última mamografía. Siendo una de los cientos de pacientes que transitan por el instituto cada día, la Anita parece conocer su historia de memoria: “Ya son ocho años sin cáncer, ¿verdad?”. Efectivamente eran ocho años.

En un mundo en el que el tiempo es oro, a veces se nos olvida la persona que está en la esquina con hambre, el niño que llora desconsolado en la calle o, peor aún, tu doctor no tiene más que un par de minutos para ti cuando más lo necesitas. “A mí me interesa educar a los doctores becados que hay que conocer al paciente, saber si sabe leer y escribir […] te pueden decir que se les quedó los anteojos por vergüenza”, señala Cox.

Tras 33 años trabajando con pacientes de cáncer de altos y escasos recursos, la Anita conoce sus debilidades y sus preocupaciones. Más que la enfermera oncológica que hace quimioterapia es tu amiga. Ana Valdés, hermana de Magdalena, una ex paciente de cáncer de mama de la corporación recalca:

Ella se encariña con todos. Pasa a ser tu confidente, siente los dolores del paciente, se pone en tu pellejo.

Como la mayoría de las personas con las que trabaja la Anita, Magdalena era su amiga. Ambas con una sonrisa en la cara siempre. “Mi hermana decía que le preparaba unos cócteles rosados“, relata Valdés riéndose. Cox recuerda que cuando a Magdalena la reaparecía el cáncer, llegaba a la corporación entre risas diciendo que era “tan mala alumna, que repitió de curso“. Este mes fue la novena corrida por el cáncer de mama, Magdalena jamás faltó a alguna, a pesar de que no podía correr tejía mientras animaba al resto del equipo. Sin embargo, este año su hijo de 14 años corrió aunque su mamá ya no esté.

Aunque quizás muchas personas restrinjan sus emociones, la fundadora y presidenta de la corporación explica su relación cercana con sus pacientes:

Me involucro con mis pacientes, podrían decir que no es bueno, pero a mí me gusta así o sino no lo hago.

La tercera de sus hijos, Amalia Madrid, reconoce que son mamones: “Se da cuenta enseguida si alguien está mal, sabe lo que le pasa a todos en la casa. Es empática y es su don con los pacientes“. No es la única que se siente así, la gerente técnico y psicooncóloga Daniela Rojas la conoce desde que tenía 24 años cuando comenzó la corporación: “Para mí ha sido formadora, pero también una mamá. De hecho, le está tejiendo algo a mi hijo porque le exijí que si lo había hecho para su hija, también tenía que hacerlo para mí”.

Yo Mujer

La corporación comenzó cuando un grupo de enfermeras oncológicas y de pacientes se unieron hace más de 13 años para calmar las preocupaciones y necesidades de las mujeres que sufren de cáncer de mama. La Anita recuerda que muchas veces se iban con dudas como si es que se les caería el pelo, dónde comprar una peluca o cómo usar un turbante. No tenían ni un peso, pero recorrieron un largo camino para hoy tener una oficina en la que hacen talleres de apoyo emocional o algunos para la familia como ¿Qué le pasa a mi mamá? o ¿Cómo vivir el cáncer en pareja?

En algún momento, tuvieron dos personas por taller recuerda su hija Amalia. En cambio, ahora cada mes llegan 40 pacientes nuevas. Sin embargo, los recursos que la sostienen sólo alcanzan para 12 profesionales a cargo de la corporación – entre las cuales la Anita trabaja sin remuneración.

Hasta ahora “Yo Mujer” no tiene límites ni le cierran las puertas a nadie. A medida que llegaban más pacientes a la corporación se fueron expandiendo y lo seguirán haciendo de ser necesario. “Somos la única institución que hace esto en Chile, si necesitamos más profesionales o un lugar más grande, lo conseguiremos“, aclara la fundadora.

Nunca se lucha contra el cáncer

De acuerdo a la corporación, existe un uso erróneo al comunicar sobre el cáncer en los medios o entre las personas en general. Según Cox, jamás hablarán de la lucha o batalla contra el cáncer ni de si ganó o perdió:

Le atribuyen responsabilidad como si por ponerle más empeño te va a ir mejor, pero no estás en un ring, no peleas con nadie, no depende de ti, uno hace todo lo posible y no siempre funciona.

Sumado a la auto-imposición de los pacientes por ganar la batalla contra el cáncer, está la vulnerabilidad del ser humano ante el otro. A nadie le gusta que lo vean llorar ya sea que tengas cinco o 50 años, mucho menos dar lástima. “Les carga que les pongan cara de que se van a morir y cuando se te cae el pelo pasa a ser pública tu enfermedad“, advierte Cox.

El dolor más grande para quienes trabajan en “Yo Mujer” es que todavía hayan mujeres que sufren la enfermedad solas en su casa, mujeres que no saben de la existencia de la corporación. “Nuestra misión es la detección precoz y que nadie viva el cáncer de mama sola porque no sabían a dónde acudir“, indica Rojas.

Al final gracias a este grupo de mujeres, se hace una realidad el lema de un simple afiche: En el cáncer de mama somos tu sostén.

Si tienes o conoces a alguien que tenga cáncer de mama, no dudes en contactar a la CorporacionYoMujer.cl.

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