Mi novio me es infiel con su celular

Jamás pensé que haría un trío. Mucho menos que sería con su iPhone.

Si mal no recuerdo el único día que he visto a mi novio despreocupado de su celular fue cuando nos conocimos. Desde aquel día que estamos juntos, sin embargo, no somos los dos sino un trío: su iPhone es la otra.

He leído y escrito varios artículos sobre los males de los smartphones, pero no parecen tener un efecto en él. Incluso tenía la esperanza de que al saber que descubrieron que por el uso de los celulares en los baños eran fuente de gérmenes – literalmente de caca -, lo soltaría un poco. Claramente no funcionó.

Su rutina sigue siendo la misma día a día: por las mañanas lee sus mensajes, de vez en cuando me da un beso y se mete a la ducha; mientras que en las noches revisa de arriba abajo las redes sociales y el infaltable Whatsapp, pone la alarma y me dice ‘buenas noches’. No seré lo primero que ve en su día, pero sí lo último cuando las luces se apagan.

Recuerdo como si hubiese sido ayer una vez que fuimos a un bar-restaurant en el que había una mesa con cuatro chicas. Cada una de ellas con su trago en frente y su mirada hipnotizada en la pantalla de sus celulares. Sus dedos se movían por inercia. Aquella vez nos reímos; mi novio entre risas les sacó una foto, la tuiteó burlándose. Paradójicamente, él estaba haciendo lo mismo.

Se ha transformado casi en un ritual discutir a diario por su iPhone. Estoy oficialmente celosa de su relación con su celular. No vive su vida en el aquí y ahora conmigo, sino virtualmente a través de su Twitter, Facebook, Instagram, Foursquare, Whatsapp, etc.

Que me sea infiel con su celular no significa que necesariamente lo sea porque habla o se manda fotos con otra – cruzo los dedos porque no sea así -, sino que la otra es el celular. Vivimos juntos bajo el mismo techo y compartimos el mismo aire hace más de seis meses. Sin embargo, cuando decidimos compartir nuestras vidas en el contrato imaginario no vi la cláusula que decía que no éramos una pareja, sino un trío.

Porque eso somos: un trío. Distribuye su tiempo entre ella y yo. Nos escucha, escribe, habla y lee a ambas – censuraré lo que me hace a mí que no le hace a ella.

Hubo un tiempo en el que incluso intentamos prohibirnos tener nuestros celulares en la mesa cuando saliéramos juntos, sólo cinco segundos para que pudiera hacer checkin. No nos duró mucho. Principalmente porque él no se aguanta ni se da cuenta de que lo hace y yo me terminé convirtiendo en él. Me contagió la necesidad de estar al tanto de todo lo que pasó, está pasando y que pasará. Se transformó en una necesidad básica este aparatito.

Hoy ya me siento rehabilitada. Paso a paso fui desligándome de mi celular al punto que lo dejaría en el velador de mi casa, siempre y cuando estuviésemos de la mano. Porque sí, hablo con amigos y mi familia, me entretengo descubriendo estupideces, locuras y novedades en la web, pero ahora él es mi mejor amigo.

Con él quiero compartir mi vida, no con mi celular ni con el suyo. Hasta que la muerte – no su iPhone – nos separe.