Mujeres de la Memoria: ¿Tenía Que saber?

5 testimonios de chilenas que entienden que la historia de un país se construye con memoria.

Seguimos con nuestra serie especial de mujeres que vivieron los 17 años de dictadura chilena tras el Golpe de Estado de 1973, desde los más diversos asientos y escenarios y que entienden que la historia de un país se construye con Memoria.

Hoy: ¿Tenía Que Saber?

Por Patricia Castro Suárez, revolucionaria profesora de lenguaje

El lunes 10 de septiembre de 1973 no pude ir al colegio ya que el día anterior me había torcido el pie en un partido de básquetbol y mi papá permitió que me quedara en casa (a él no le gustaba que faltara a clases). El martes 11 de septiembre de 1973 sí debía asistir, porque no tenía ningún motivo para no hacerlo ¿o sí?

Tenía 16 años, cursaba el segundo medio en la especialidad de Contabilidad en el Instituto Femenino Superior de Comercio (INFESUCO) que estaba ubicado en Chacabuco con Santo Domingo. Era temprano, no me gustaba llegar atrasada. Al bajarme de la micro, en Catedral con Chacabuco, y seguir mi recorrido no me encontré con ninguna compañera ni tampoco con alguna niña del colegio.

La verdad, no se me ocurrió pensar que algo pasaba. Llegué al colegio y estaba cerrado. ¿Por qué no había clases? ¿Habían mandado comunicación a los apoderados? No había a quién preguntarle. Tampoco había algún letrero en el frontis del establecimiento. Yo miraba para todos lados y no sabía qué hacer. Opté por devolverme a mi casa. Me dirigí al paradero y esperé hasta que llegó el trolleybus, (ese con suspensores decíamos y en el cual a veces nos daba la corriente).

Me bajé en la esquina de Compañía con Bandera dispuesta a esperar la micro que me servía hasta mi casa. No pasaba ningún vehículo. La calle estaba desierta… ¿Qué estaba ocurriendo? Comencé a caminar lentamente por el medio de la calle en dirección a Mapocho por si podía tomar alguna locomoción que me sirviera. Mi trayecto se tornaba desolador… ahí estaba yo… en medio de la calle… sola… sin saber qué estaba ocurriendo.

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Empecé a sentir unas explosiones muy cerca del lugar donde estaba. Miré hacia atrás y pude ver algunas columnas de humo negro dirigiéndose al cielo. Me estaba asustando, me sentía tan desprotegida, porque nadie me decía nada y no podía preguntarle a nadie, porque nadie había que por allí pasara. Seguía avanzando y miraba hacia el cielo, los aviones se desplazaban sobre mí a gran velocidad. El ruido era ensordecedor. Iban y venían. Las explosiones no cesaban. ¿Qué hacían? ¿Hacia dónde se dirigían?

Por fin llegué a Mapocho. Ya no estaba sola. Las personas se apuraban a tomar algún recorrido que las acercara a sus hogares. ¿Sabían lo que pasaba? Logré tomar el bus a Colina. Sólo miraba por la ventanilla. ¿Qué vendría ahora?

Toqué el timbre y me bajé en Independencia con Cardenal Caro, en la comuna de Conchalí; crucé la calle y me dirigí a mi casa. Allí estaba mi papá. ¿No había ido a trabajar? Lo encontré sentado escuchando las noticias. Algo grave estaba ocurriendo en nuestro país. No teníamos televisor. Se alegró de verme y se sintió más tranquilo. ¿Él lo sabía? Me dijo que fuera a buscar a mi mamá que andaba de compras en la feria. Cuando me encontré con ella me abrazó muy fuerte: “¡Qué bueno, hija, que llegó”.

Ya se había decretado el Estado de Sitio… y a eso se agregaría el toque de queda, los bandos, los militares en las calles, las detenciones… los miedos.

¿Dónde están?

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