Cirugía estética, más allá de lo imprescindible

¿Realmente te cortarías un dedo para usar tacones más altos?

Estos días que tengo la cabeza en otro sitio, precisamente porque un familiar perdió su vida en una operación, he recordado que en EEUU hay algunas mujeres que se cortan el dedo meñique del pie para poder ponerse los tacones más altos. Los expertos advierten de los riesgos de este tipo de operaciones, pero hay quienes prefieren lucir unos altísimos tacones cueste lo que cueste. Se consigue así, mayor espacio para colocar el pie dentro de un zapato estrecho y una mayor comodidad al usar un tacón alto. El pretexto que aducen médicos y clientas es que ese dedo meñique no sirve para nada.

De la mayoría de las operaciones de cirugía estética realizadas por ejemplo en España, un 41’7% son faciales. Después se sitúan las relacionadas con el busto (el 28,8%) y luego las  liposucciones (el 19%).

Por intervenciones, la más demandada es la liposucción, seguida del aumento de mama, la rinoplastia, la blefaroplastia (párpados) y la abdominoplastia. Este orden es similar al del conjunto de las operaciones a nivel internacional.

La reflexión que hago es que por qué hay que correr riesgos para la salud cuando no es absolumente imprescindible.

Ya sé que a algunas personas superan complejos y consiguen tener una autoestima más alta al pasar por el quirófano, pero creo que no son conscientes que se pueden dejar la vida y es una realidad, me consta.

Por ello, antes de tomar una decisión, propongo conocer bien los riesgos físicos de cualquier operación de este tipo: infecciones, mala cicatrización, complicaciones inesperadas y además evaluar también los riesgos psicológicos, ya que muchas veces no se producen los resultados esperados, por ejemplo la publicidad, a menudo, nos muestra una imagen de belleza que no se ajusta a la realidad.

Sinceramente, cada persona sabe qué necesita para sentirse mejor y tener mejor calidad de vida, pero cortarse un dedo para poder llevar tacones muy altos se me escapa de la lógica.