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La Falsa

Esta semana Doblepé nos comparte la creación de un personaje que deja mucho que desear.

Aunque tengo 29 años siempre digo que tengo 20. Ya saben, las apariencias engañan y yo me he dedicado científicamente a comprobarlo. Aunque cuando digo “científicamente” no me refiero a teorías o análisis aburridos, sino a que con bastante ayuda de la ciencia, la química, el botox y la silicona, me he dedicado a engañar.

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Desde los 15 años que trabajo como promotora -o sea hace cinco años jijiji- y aunque con mi metro 74 y 47 kilos, estaba apta para promocionar cualquier tipo de productos, las agencias siempre terminaban enviándome a algún supermercado a promocionar fiambres. ¡FIAMBRES!

En mis mejores tiempos recuerdo haber promocionado algún jamón serrano de marca, pero siempre fiambres.

Cansada de las vienesas y chorizos decidí cambiar mi destino, empezando por mi apariencia. El primer paso fue dejar atrás mis ojos marrones y empezar a ver el mundo desde una mirada celeste. Luego comencé por hacerme reflejos dorados, mutando del viso a un potente rubio platinado.

Mi primera visita al quirófano la realicé a los 18 años y aunque mis padres –unos hippies fanáticos- nunca han estado de acuerdo con mi “obsesión” de convertirme en una chica Barbie, hay algo en su extraña religión que los hace apoyarme. Una oración o algo por el estilo llamado ‘Let It Be’. Pero volviendo al tema del quirófano, la primera vez que fui, terminé con un dolor de tres semanas, con un pecho literalmente inflado y un sostén 34 C que me hizo saber que la cirugía estética valía la pena. Una sensación muy parecida al orgasmo, pero permanete. Aunque a decir verdad nunca he tenido un orgasmo, pero puedo imaginármelo.

No es que nunca haya tenido sexo, oportunidades no me faltan, pero es que a veces hay que escoger entre el cuerpo y el placer y para mí es mi cuerpo y todo lo que he invertido en él lo que me da placer. ¿Te imaginas me pasan a llevar mis carísimas bubbies o me estropean las extensiones? O en el peor de los casos ¿Descubren que no soy lo que aparento y no les gusto?

Para evitarme todo este rollo del sexo que ya me dejó con la piel reseca, a veces prefiero decir que soy lesbiana, pero ni loca le daría un beso a una mujer, a menos que fuera Marilyn Monroe o Grace Kelly, en quién me inspiré para diseñar mi nueva nariz ¿Perfecta, no?

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Mis padres también creen que soy lesbiana, aunque nunca me han visto con nadie. Me dicen que ellos sólo serán felices si yo soy feliz, pero nunca entendieron que regalarle a los 12 años a su hija una guitarra de palo, cuando ella sólo quería una ‘Barbie Joyas de Sol’ no se ajustaba precisamente con mi idea de felicidad. Pero bueno, allá ellos con su religión.

De todos modos, puedo decir que con mi supuesto lesbianismo y mi supuesto aspecto he llegado muy lejos; tengo un cuerpo perfecto, un hermoso departamento ubicado en pleno centro de la ciudad, un auto descapotable y el dinero suficiente para hacer lo que quiera gracias a mi trabajo como promotora de una exclusiva marca de autos, en resumen, soy feliz. Pero ya saben, las apariencias engañan.

Si deseas asistir a nuestro Taller de Columnas y Relatos de Belelú, escribe a leonyyasminm@gmail.com.

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