Arjona tiene razón

Se nos ha convencido a las mujeres toda la vida que debemos decir que no, para luego decir que sí -obviamente después de una larga insistencia-. Yo considero que no debe ser así, pero todos lo creemos un poco.

Díganme lo que quieran pero Arjona tiene razón. Hey, antes que me empiecen a apedrear en plena Plaza de Armas y exigir mi exilio por twitter, corrijo: socialmente la canción “Si me dices que no” tiene mucha razón. Me explico:

Las chicas deben decir siempre que no:  Me puse a pensar con unos amigos esto de que nos enseñaron de muy chicas que las mujeres deben decir que no y que los hombres deben insistir, pues tras ese no hay un sí que debe ser buscado, perseguido y conseguido a como de lugar. Aunque tú, mujer, tengas ganas, aunque encuentres a alguien que te guste y a esa persona también le gustes: debes decir que no. ¿Por qué? Porque es feo decir que sí, es mal visto que una mujer diga que tiene ganas, si va por primera vez con alguien a tomar algo y las cosas se van dando hasta terminar teniendo sexo, probablemente eso no puede ser algo serio. Nos meten en la cabeza que después de muchos “no” uno podría decir eventualmente que sí, sólo en el caso de pasar varias pruebas (como si el sexo fuera un premio de uno hacia el otro y no un proceso de 2) poniendo en un pedestal que luego de un esfuerzo y de muchas negativas, un hombre merece estar con una mujer.

Exigencia masculina: Mirar eso en perspectiva o cambiar esos “roles” pareciera absurdo, a tal nivel que si lo analizamos, el hombre se supone que siempre tiene ganas, el hombre siempre quiere, el hombre siempre te va a decir que sí. Por lo que si uno te dijera lo contrario, o sea que no quiere, te sentirías menospreciada. Pero cómo te va a decir que no, si los hombres siempre quieren. El machismo está tan arraigado -sobre todo en nosotras- que incluso no nos permite entender que ellos hay veces que en realidad no quieren tener sexo. Y sí, un hombre puede no tener ganas. Un hombre puede decirte que no. Un hombre también puede “no querer hoy” y eso no te hace ni mejor ni peor mujer ni a él menos hombre.

El “no” no es tan no: ¿Cuántos abusos sexuales no son porque un hombre creyó que tras ese claro y concreto NO había un SÍ “camuflajeado”? Nos han ido convenciendo que los “no” de las mujeres no son tan no, sino sólo una cosa de insistencia. Que hay que decir que “no” por una cosa social más que algo personal. Por lo tanto, si un hombre insiste se llevará el trofeo del sí. Y así hay malentendidos, malas ondas y la percepción de sólo la pesadez de ser “rogada” y no un claro y concreto “NO” de alguien que no quiere nada con esa otra persona. O no quiere hoy.

Por eso digo que Arjona tiene razón. La realidad es que hombres y mujeres pareciera que creyéramos que el NO fuera maleable y más por decoro que por intención. Que el sexo fuera una moneda de cambio luego de una larga insistencia y espera, y mientras más NO -aunque hayan ganas e intenciones de ambos- harán mágicamente más digna, más deseable y más respetable a una mujer.

Yo no pienso eso. No quiero pensar eso. No quiero que piensen eso de mí.