Las desventajas de morirse primero

Según cómo te hayas portado, los que te sobrevivan respetarán tu voluntad y te llorarán, o no.

Hace unos días fui a ver una exposición sobre Roberto Bolaño (Escritor, Chile 1953) que hay en el CCCB, en Barcelona.

Se llama “Archivo Bolaño”, nunca mejor puesto un nombre. Tiene todo el atractivo que puede tener un archivo. Yo la disfruté porque me declaro fan, pero la muestra da cuenta del complejísimo proceso creativo que había detrás de su escritura y poco más. Eso sí, está muy bien ordenadita. La sorpresa me la llevé con el pasillo final, un santuario, una especie de altar-homenaje a la viuda, supuestamente, para destacar la faceta humana y familiar del autor a través de su historia de amor. (Yo estuve ahí, conocí a Bolaño… otro día lo cuento).

¡Ayayay! pensé, “la venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”, dice el refrán. La venganza del que sobrevive puede ser realmente apoteósica. Puede llegar a ser toda una desventaja morirse primero. Sobre todo, si no has sido un modelo de virtud y fidelidad con el que se queda a ordenar tus papeles.

En mayor o menor escala todos, si pudiéramos, ejerceríamos nuestro deseo de saldar la deuda con aquel que se fue sin poder decirle nunca que sus acciones u omisiones nos hicieron daño. O, peor aún, que él sabiéndolo, hizo y deshizo igual porque… la vida son dos días y había que disfrutarla.

El problema es que muy pocos podemos darnos ese gustito. Porque independientemente de lo que digan en misa, vengarse es como rascarse, da un gusto tremendo. Creo.

Los ejemplos del pisoteo que suelen hacer los herederos sobre la tumba del difunto, se pueden contar por montones; y de viudas tiranas que dan verdadero miedo, ni te digo. Desde la de Elvis que en un documental cuenta que El Rey en la cama fatal, hasta la de Cortázar que si no le gusta algo lo prohíbe y punto.
A pequeña escala, en la vida real digamos, veo a viudos y viudas del barrio vestirse de negro para la ocasión que les da el nuevo estatus y luego, he observado una transformación más parecida a un renacer que a un duelo. Y me aventuro a decir que es mucho más llamativo en el caso de ellas.

Hablo de lo que yo he podido ver, no es una regla ni una teoría.

Ellos, que por cosas de la naturaleza, viven en promedio diez años menos que ellas, si enviudan, van y se ennovian – si la pensión lo permite- de una mujer mucho más joven que los sujeta o empuja mientras pasean por indicación médica.

Las viudas que, por la época en que les tocó existir, estuvieron relegadas a las labores domésticas y fueron bastante ninguneadas por el cónyuge (ahora muerto, pobre), cuando se ven solas, se ven también libres. Habrá alguna que queda desorientada, pero hay otras que se espabilan rápidamente, se cambian el peinado, se sacan la falda y la blusa para ponerse tejanos; se apuntan a clases de salsa, yoga y computación. Se gastan los ahorros viajando ¡y a vivir que son dos días! No será un gran pasillo de museo, pero también puede ser una forma de homenaje ¿no?

Foto: Vicin Ruiz