Cosas que pasan

Cada mes te iremos presentando los distintos trabajos realizados por las chicas del taller de columnas y relatos de Belelú, impartido por Leo Marcazzolo.

Si les contara cómo es un día más o menos típico en mi vida, tendría que partir por decirles que vivo atrasada. Sí, lo reconozco, es como un karma, pero no es normal que mientras más justa ando con la hora, me toque el taco más largo de la historia o que a todos los semáforos se les ocurra cambiar a rojo cuando llego a la esquina.

Siempre pensaba en la maldita Ley de Murphy que estaba ahí acechándome cada vez que salía un poco más tarde de lo que debía, o en los típicos sucesos como el pan con palta que se cae arriba del pantalón blanco, o alguna resbalada caminando por la calle por obviamente andar apurada y adelantando a la gente. O un error inocente como entrar al baño de hombres por equivocación. Sí, son cosas que pasan.

Por todo esto, solía pensar que no podía tener más mala suerte. Incluso una vez, estacionada afuera de mi casa escuché un golpe y cuando miro en dirección a mi auto, veo que otro auto – literalmente – estaba pegado al mío con mi capó casi como acordeón. ¿Qué había pasado? Se soltó el freno de manos del auto que estaba estacionado un poco más arriba en la calle, deslizándose con mucha gracia hacia el mío. ¿Es en serio?, pensé. Solo a mí me pasan estas cosas.

Pero todo eso cambió con el transcurso del tiempo. Conocí gente que tenía mucha más mala suerte que yo, y que también le pasaban cosas insólitas. Cualquiera puede equivocarse en mandar un mensaje… lo malo es si le escribes a una amiga para desahogarte de alguna actitud latera de tu pololo y equivocadamente se lo mandas a él. Sí, mala pata, pero un error que a cualquiera le puede pasar.

Incluso a veces uno puede pasar por despistada. Sales de clases en dirección a tu auto, llegas al lugar donde lo estacionaste y no lo encuentras. Obviamente tus amigos te miran con cara de “pobre niña loca”, mientras desorientada miras de un lado a otro pensando si quizás te habrías estacionado ahí el día anterior y estás confundida. Haciendo memoria, recuerdas que efectivamente estás parada en el lugar donde te estacionaste pero hay otro auto al frente tuyo. Conclusión: me robaron el auto.

O que por fin te crean capaz de ir a cubrir una conferencia en La Moneda, y que en ese momento en que vas bajando unas escaleras para ir a entrevistar a Piñera, no calcules los escalones y caigas cual saco de papas hasta el suelo. Te quedas sin entrevista y además adolorida en una ambulancia. Quizás eso no es tan común, pero ¿quién no se ha caído en las escaleras de la universidad, del metro o algún otro lugar?

Sí, cosas que pasan. ¡A todos! Pero así como a veces pisas algún “regalito” de perro, o se te queda el paraguas en el café donde te juntaste con tus amigas, también hay momentos en que el chico que te gusta te llama para invitarte a salir o ese proyecto en el que estuviste trabajando mucho tiempo resulta excelente. Y les apuesto que si no fuera por esos momentos de mala suerte no disfrutaríamos tanto aquellos en que las cosas resultan a nuestro favor. Así que no sé ustedes pero yo, le sonreiré a todas esas situaciones en que aparece la Ley de Murphy.

Cada mes iremos presentando los distintos trabajos realizados por las chicas del taller de columnas y relatos de Belelú, impartido por Leo Marcazzolo. Ver todos aquí