[Corazón de Sandía] Superar las crisis con Sex and The City

Siempre dicen que las mujeres somos complicadas, exigentes e histéricas. Pero la verdad es que a la hora de los quiubos ninguna de nosotras quiere sentirse sola. Será la soledad el punto de encuentro de nuestro género.

La crisis emocional es estresante. La semana pasada tuve una fulminante, hasta me enfermé. Imagino que como estaba tan mal del corazón me bajaron las defensas en el resto del cuerpo y me agripé de un día para otro. No podía levantarme de la cama, era sábado por la noche y la única fiesta a la que iría sería la de mis gérmenes que había ahuyentado a mis amigas.

La verdad es que enfermarse y estar sola es una de las cosas más terribles que le puede pasar a una mujer soltera. Nadie te lleva medicamentos, nadie te hace un té o una sopa. Realmente deprimente. Como no podía salir a distraerme, hice varios litros de agüita de hierbas, abrí una nueva caja de pañuelos desechables, conecté el DVD y me apresté a digerir dos o tres temporadas de Sex and The City. Aunque suene raro, la serie de las chicas solteras neoyorquinas es la única que me saca de la depresión y mi amiga Eileen que siempre sabe el momento exacto cuando tiene que llegar a sacarme de la cama para llevarme a tomar aire. Pero como ahora el problema era que además de la ‘depre’ tenía una gripe súper contagiosa nadie podía acompañarme. Así que comencé la maratón.

Hace años que dejé de ver la serie de Carrie Bradshaw un día cualquiera, ahora solo lo hago cuando me siento realmente mal del corazón. Me pasa que cada vez que veo los conflictos amorosos de las protagonistas noto lo terrible que puede llegar a ser cada capítulo pero que si me paso de una temporada a otra la vida sigue y aunque Mr. Big siempre está en el corazón de Carrie solo con cambiar el CD este personaje puede pasar de ser su más trágica historia de amor a solo un poco de sexo sin amor.

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Pensarán que soy una mujer superficial y puede que sea así, pero he encontrado en las historias de esta serie un ejemplo de lo que no debemos hacer las chicas y es que no importa si eres súper exitosa, si tienes una familia, si solo tienes espacio en tu corazón para el sexo o lo que sea que hagas en tu vida pública porque al final del día cuando llegas a tu casa, dejas tu bolso en el sillón, te sacas los zapatos y te enfrentas contigo misma te das cuenta que en realidad las chicas somos todas bien parecidas. Siempre dicen que las mujeres somos complicadas, exigentes e histéricas. Pero la verdad es que a la hora de los quiubos ninguna de nosotras quiere sentirse sola. Será la soledad el punto de encuentro de nuestro género. Una amiga me dijo hace unos días que debíamos comprender y asumir que somos mujeres solas. Y que aunque a veces estemos con pareja pareciera que siempre nos planteamos como single frente a la vida. ¿Será porque estamos muy dañadas?

Después de dos días en cama -y 14 capítulos de Sex and the City-, me di una larga ducha, saqué de mi cuerpo todos los ratros de la gripe que me intentó matar y salí a caminar por el Parque Forestal. La noche estaba exquisita, a pesar de estar comenzando el invierno. La brisa y las luces de la ciudad me hicieron sentir libre. Ya no estaba encerrada contra mi voluntad en mi departamento. Con la enfermedad convertida en un mal recuerdo pensé que caminar sola en realidad no es tan malo.