Ana Carolina, una niña a la que le dieron tanto que desconoció los límites

¿Qué tantos objetos materiales les damos a nuestros hijos?

El caso es atroz, se los cuento en pocas palabras para no dar demasiados detalles y centrarnos en la reflexión. En Chihuahua, México, una adolescente de 17 años llamada Ana Carolina envenenó a sus padres adoptivos  y después los quemó con ayuda de su novio el pasado 3 y 4 de mayo y hoy la niña, no tiene remordimiento de conciencia. Cuando le preguntaron a Ana ¿cómo te sientes? ella sólo dijo “Libre”

De acuerdo con los investigadores del caso, este es uno de los más extraños de la historia, pues jamás se había visto que una niña tuviera los escrúpulos para matar a sus padres, la razón: estaba harta de que la criticaran en la escuela por tener dos padres demasiado viejos, su mamá tenía 70 años y el papá 90, además Ana pidió que le compraran un coche, pero ellos se negaron porque en el verano la llevarían a Venecia.

¿Cómo? ¿es cierto lo que estamos leyendo? ¡sí! Ana era una niña sumamente consentida que fue adoptada a los 2 meses de nacida por unos padres muy  ricos, los cuales se dedicaron a cuidarla con todo el cariño y comodidades posibles, no había capricho que a la niña no se le cumpliera.

La reflexión es clara, obviamente esta niña está sumamente dañada de sus facultades mentales, pero si buscamos razones, como padres debemos estar muy conscientes de la cantidad de cosas materiales que les damos a nuestros hijos, darles todo lo que nos piden no significa que realmente los amemos, porque tarde o temprano llegará un punto donde su ansia por tener más y más cosas será insaciable, y perderán la noción de lo que es amor y no.

Por esto mismo creo que una de las principales cosas que se deben establecer en la relación padre-hijo son los límites, se valen premios y recompensas, aumentar privilegios, pero todo dentro de un rango donde se saben diferenciar prioridades. Ana se convirtió en una niña que no tenía llenadero, inmadura, podríamos echarle la culpa al bullying, pero la realidad es que el problema es aún más grande.

Este es un caso extremo, que nos podría parecer demasiado alejado, psicópata, pero la realidad es que si lo llevamos a cada una de nuestras realidades nos deja mucho por aprender ¿no crees?

Fuente: Milenio