Vamos a pensar por un ratito que no estamos solos

Pensemos que nuestras acciones no son fatales, que no somos los únicos que han cometido errores y fallas

Vamos a dejar de pretender que no nos causa satisfacción saber que al menos muchas personas en el mundo tienen las mismas fallas y errores que nosotros. Vamos a pensar por un momento que todas nuestras acciones no son tan importantes ni deciden el destino fatal de nada; dejemos esa idea del efecto mariposa atrás. Aunque sea por un ratito.

Pensemos que no somos los únicos que hemos dejado a ir a alguien especial por una razón muy tonta. No somos los únicos que se han ido a dormir molestos con alguien con quien después ya no hubo oportunidad de reconciliarse. Hemos mentido, decepcionado, engañado, lastimado y gritado, intencionalmente o no, pero el daño ya está hecho.

No somos los únicos que han llegado tarde al trabajo o a la escuela. Alguien más también ha perdido su celular y su dignidad en una borrachera, ténganlo por seguro. Todos nos arrepentimos de haber besado a alguien, pero nos pesan aún más los besos que no dimos (saben que no miento).

¿Ves a todos los que están en la lavandería un sábado por la mañana o un jueves por la noche? Ellos igual trataron de aplazar lo inaplazable, y ahora están usando los últimos calzones limpios que quedaban en el cajón y esperando, con todo el corazón, que la ropa esté lista para mañana. Si no, sólo dios sabe lo que tendrán que hacer para salir a la calle y continuar con la rutina… con o sin ropa interior.

No somos los únicos irresponsables que prefirieron comprarse una nueva televisión cuando llegó la quincena, aunque eso significara tener que comer frijoles y tacos de canasta el resto del mes. Muchas otras abuelas se preguntan cuándo llamarán sus nietos mientras miran cómo pasa el tiempo por la ventana, no solo las nuestras.

Y bien, ¿ya te sientes mejor? ¿Sientes cómo se levanta ese peso invisible (e invencible) de tus hombros? No tenemos por qué ser perfectos, no todo el tiempo. Es más, nunca. No tenemos que exigirnos tanto ni darnos de latigazos por lo que hacemos, lo que no hacemos y todo lo demás.

La vida es un error tras otro, una experiencia tras otra, y lo importante es no perder el sabor que cada una tiene, dulce o amargo. Para algunos es más fácil sobrevivir en la jungla de la ciudad y otros son buenísimos para el cálculo integral; y así es como funcionan las cosas.

No hay que exigirnos de más ni sentirnos la oveja negra solo porque tenemos una larga lista de quejas sobre nosotros mismos. Vamos a pensar en las cosas para las que sí somos buenos: Para hacer sonreir a una amiga en el peor día de su vida, para bailar salsa descalzos o para cocinar un rico espaguetti. Piensa en todas las veces que alguien te ha dado las gracias por existir.

¿Ya ves? No estás sola. No estás solo. No estamos solos. Todos tenemos fallas y errores… y eso también nos hace únicos y especiales.