¡Ven pa’ acá china ´e Mierda!

¿Qué tienen que ver las chinas con tu traje típico de cueca?

Cuando José Luis Echeñique, “el malo” de la serie chilena “El señor de la Querencia”, soltaba su célebre frase “China ´e mieeerda”, los espectadores de la pantalla criolla se estremecían, ¿Por qué? porque sabían que alguna de sus empleadas sería golpeada, abusada o incluso, violada.

“Ven pá acá china”, “Pa´ donde vai china mal nacía”, así es como el actor Julio Milostic interpretaba con total perfección a uno de los personajes más “honorables” -repudiables-  de nuestra historia: El patrón de fundo.

Y pese a que poco o nada se sabe  del por qué las mujeres campesinas eran llamadas “chinas”, niñas, mujeres y señoras por estos días de patshriotidad y chicha en cacho, disfrazan gloriosas sus anatomías con vestidos cubiertos de flores, en nombre de las subordinarias “chinitas”.

Hace algunos años tuve la oportunidad de conversar con el historiador Gabriel Salazar y preguntarle entre otras cosas, de dónde venía este apelativo.

En la ocasión, el hombre de la profunda voz me explicó que si bien, hasta ahora no hay ninguna investigación sistemática acerca del tema, el término se usaba en el lenguaje corriente de la clase alta para nombrar a aquellas “mujerzuelas” de vida ligera y alejadas de toda actitud aceptada por la iglesia católica… ¡Putas!.

Salazar sospecha que su génesis estaría relacionada con el comercio de “indiecitos e indiecitas de Arauco” y los rasgos típicos del mapuche o índígena de latino América. Un rasgo que, según él, es similar al de los asiáticos, los chinos de verdad. “Ellos tienen ciertos rasgos de achinado en sus ojos y es por eso que les llamaban chinitos”.

Cuenta el historiador que durante el periodo de la Colonia (1598 y 1810) , en toda la línea del Bío Bío y hasta mediados de 1860, existió un ejército español permanente con situaciones de vida precaria. Por lo que para poder vivir, robaban mujeres y niños entre ocho y diez años, vendiéndolos a los patrones del Valle Central, generando así el comercio de chinitos de Arauco.

En el  libro “Labradores, Peones y Proletarios”, Salazar reafirma su sospecha y señala que las chinas eran muchachas indígenas raptadas por los soldados de la Frontera y por sus indios aliados. “La mayoría de ellas, en tanto legítimo trofeo de guerra, solían ser vendidas por militares a los mercaderes-hacendados para ser convertidas en fieles y leales sirvientes.”

Por su parte, y siguiendo esta tendencia, Benjamín Vicuña Mackena en el libro “Historia de Santiago” menciona a los chinitos como seres “patipelados” que solían ser regalados de una familia a otra, al igual que si fueran caballitos.

Según Salazar, con el tiempo los “patipelados” se convertían en esclavos y no mejor suerte corrían las niñitas indígenas, quienes pronto eran obligadas a atender al servicio sexual de sus patrones.

De esta forma, la chinitas se transformaban en sirvientas a “todo servicio”, engendrando campesinos rubios de ojos azules, a imagen y semejanza de sus patrones: los huachos, y ganándose las odiosidades de las patronas, quienes al tanto de estas prácticas -las que alcanzarían parte avanzada del siglo XX-, serían las encargadas de divulgar aquella forma tan despectiva de tratar a aquellas mujeres,”símbolos de la inmoralidad y la prostitución”, las chinas ´e mierda.