Desde Marte: Stephen Hawking, las mujeres y la ciencia

O de cómo un científico que quiere explicar al universo emite su opinión sobre ellas

Muchas veces la ciencia está vista como una cosa inamovible y definitiva, como la regla con lo que se puede medir todo. La verdad es que no es así. Yo soy un aficionado lego de la cosa científica y sé que lo que hace 200 años era dogma, hoy es un chiste. Y así sucede cada cierto tiempo.

Sin embargo, dentro de los científicos, tal ve uno de los más renombrados y reconocibles en el mundo es Stephen Hawking. Es uno de esos hombres empeñados en encontrar explicación a por qué es el universo cómo es y que lo hace sostenerse. Es un tipo más o menos polémico, que de cuando en cuando suelta declaraciones como “Dios no existe”, siempre apoyado en los hechos científicos. A todas luces, es una de esas mentes prodigiosas que no se dan precisamente en racimo.

Pues bien, este genio, esta lumbrera, declaró algo que al resto de los hombres nos deja con el corazón lleno de zozobra. Algo que, si de alguien esperábamos la respuesta, era de Hawking. Cuando le preguntaron en una entrevista en qué pensaba la mayor parte del día, respondió:

“En mujeres. Son un completo enigma”

Oh, la desgracia. Oh, la perdición.

Yo esperaba que Hawking un día mostrara un diagrama de “tren de pensamiento de una mujer a la hora de escoger unos zapatos”. Yo quería que su siguiente ponencia se titulara “¿Por qué las mujeres escogen la ruta más larga cuando van al volante”. Definitivamente, esperaba el best-seller de cincuenta ediciones y setenta reimpresiones “Lo que en realidad está mal con las mujeres cuando dicen ‘no pasa nada’”. Y, claro, quería el documental “Cincuenta respuestas correctas a la pregunta ¿Cómo me queda esto?”

Pero ahora, el sueño está roto. Uno de los hombres más brillantes del mundo no tiene la respuesta. Señores, estamos perdidos. Mandemos todo al demonio.

Eso o, tal vez, podamos preguntarle a, ya saben. Una mujer.