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Desde Marte: No me gustan las flacas

O de cómo ni siquiera una modelo de Victoria’s Secret se ve bien si su delgadez es extrema

Hace unos días, un amigo y yo veíamos el Victoria’s Secret Fashion Show. Y no, no por los números musicales, evidentemente. Caminaba Adriana Lima y todo bien. Otro par de chicas y todo perfecto. Una más y tuve que decirle a mi amigo: “eso no se ve saludable”. Eso porque la modelo en cuestión tenía un rostro de ensueño, cabello perfecto, sonrisa angelical. Y entonces cambió el encuadre y parecía que estaba viendo a un esqueleto de los que ponen en los laboratorios. Me mató el mood por completo.

Verán, sí existe una línea que divide a las mujeres delgadas y a las flacas que rayan en la enfermedad. Es decir, el tipo de una chica puede ser esbelto y ya, pero hay mujeres que se matan a dietas y ejercicios con tal de permanecer en el rango de los 45 kilos. Es decir, lo que normalmente pesa un niño de 10 años. Y eso no lo tolero, no me atrae, no me gusta.

La verdad es que yo prefiero alguien que no se preocupe tanto por ese tipo de cosas. No estoy diciendo que las mujeres no deban cuidar su salud, sino que de verdad es un dolor de pelotas escuchar cada cinco minutos acerca del contenido calórico de todo lo que se llevan a la boca. Es  de un dolor intenso el ver los ojos deseosos sobre un pastel de chocolate que no van a comerse. Da tristeza y envenena el alma ver que piden los platillos sin queso, sin salsa, sin aceite, con leche descremada, deslactosada, cero grasas, con galletitas hechas con lo que queda después de que se recoge el trigo.

Si existiera el agua “light”, la tomarían.

Nah. Es mejor cuando se dan sus gustos cuando quieren hacerlo y, que, si deciden que quieren perder un par de kilos, opten por salir a caminar, andar en bicicleta u otras actividades físicas. Pero sin obsesionarse, sin llegar al punto de morirse de hambre, sin alimentarse exclusivamente de bocanadas de aire y tragos de agua. Y todo para terminar pareciéndose a Madonna, por ejemplo, que si la viéramos sin camisa seguramente la confundiríamos con Iggy Pop.

Además, qué lindo es ver a una mujer saludable, plena, que si quiere se sirve helado y pide el rol de canela en el café. Que al abrazarla se siente que se está con una mujer y no con un palito lleno de obsesiones y complejos.

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