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Querido diario: hace mucho que no te escribo

He perdido la costumbre de escribir en mi diario y la verdad es que lo extraño

¿Cuántas de ustedes llevan o llevaron un diario? Desde que tengo memoria he escrito sobre todo lo que me pasa, importante o no. Cuando era niña  le contaba a mi diario sobre las peleas que tenía con mi hermano mayor, llevaba una lista de los juguetes que quería tener e incluso escribía la letra de las canciones que más me gustaban. Como no había Internet, me acostaba en el piso junto a la radio y llamaba para pedir mi canción favorita. Tenía que estar muy atenta para escribir rápido y no saltarme ninguna palabra.

Lo guardaba celosamente entre los colchones de mi cama y creía que el candadito de plástico resguardaba infaliblemente todo lo que en él escribía. Poco a poco fui llenando libretas con secretos y alegrías, incluso escribía en conjunto con mis dos mejores amigas nuestros sueños a futuro. Todavía recuerdo claramente la libreta amarilla donde dibujamos cómo sería la calle privada en donde viviríamos compartiendo un jardín enorme para que jueguen nuestros hijos.

Luego, las cosas cambiaron. Ya no compartía mi diario con nadie y tenía pánico de que alguien lo encontrara. Decidí que la mejor manera de que no llamase la atención era que no pareciera un diario, así que tomé un bloc de notas y lo decoré con recortes de revista. Ahí escribí sobre mi primer amor y cómo fue nuestro primer beso. En ese mismo diario, un año después, dejé más de un par de lágrimas cuando terminó nuestra relación. Cambié su escondite: ahora mi diario vivía dentro del cajón de calcetines y ropa interior.

Con el paso del tiempo, y la llegada de las redes sociales, perdí el miedo a compartir lo que escribía. Creo que en el 2003 abrí mi primera cuenta de LiveJournal y de ahí en adelante mi diario se volvió público. Encontré confort en las palabras de mis amigas (y desconocidos también) que se sentían identificados con lo que escribía o que ya habían pasado por lo mismo; saber que no solo a ti te pasan las cosas te da cierta tranquilidad.

Durante años mantuve ese diario, aunque después se volvió un blog. Y ahora, entre status de Facebook, actualizaciones de Twitter y nada de tiempo libre en mi vida de todos los días extraño mucho los momentos en que me acostaba en la cama para compartirle a mi diario mis sueños, frustraciones, secretos y hazañas. Es por eso que hoy me he propuesto tener una cita con el más viejo de mis amores: mi querido diario.

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