Quiero pasarlo bien este 18

cueca2.jpg

Hoy llegué muy contenta al trabajo, porque es el último día del mes y esperablemente llegue el tan ansiado sueldo. Me preguntaron, sin embargo, por qué estaba contenta si había argumentado que “no me gustaba el 18”

Plop. Se tiraron todas las chicas encima de mío y me hicieron parecer una especie de Grinch de las celebraciones patrias, haciéndome sentir terriblemente incomprendida.

No tengo nada contra la cueca, las empanadas de pino con pebre, la ensalada de tomate con cebolla, el clima propicio, los volantines y la alegría. Todo eso me encanta.

Tampoco es la abundancia de ebrios en las calles, el alto precio de entradas a fondas, la subida de precio de pasajes de avión y bus y como no, de arriendo en las cabañas, o la tristeza que me da ver cómo la gente se endeuda con unos intereses inmorales. Eso me molesta pero esas no son las razones por las cuales no me gusta el 18. Son otras.

No me gusta el 18 porque nunca me ha resultado nada. Cuando era chica, el “18” se limitaba a asados con mi familia. Era bueno porque veía a mis primos, y en mi calidad de hermana menor y pocos amigos, se agradecía un poco de juegos que no fueron sola.

Pero poco a poco, fuimos creciendo y mis primos comenzaron a tener sus propios panoramas, quedándome  yo cada vez más sola. Me daba ilusión pensar que en pocos años más yo podría organizar mis propios panoramas con mis amigos, aunque fuera en Santiago.

Pero no. El trabajo de mi papá, siempre inestable, hacía imposible prevenir con más de un día de anticipación si podríamos viajar a algún lado –siempre Viña del Mar, donde viven mis tías- por ende, me hacía imposible a mí planificar cualquier otra cosa.

En general, mis compañeras de colegio se iban fuera de Santiago, así que si me quedaba, no tenía con quien hacer nada. Y si se daba el milagro de coincidir en la ciudad con alguien… el miedo extremo de mi madre a los seres en estado de intemperancia me encerraba en la casa, o me dejaba salir de día, a fondas carísimas.

Y luego, cuando fui un poco más grande y estuve en condiciones de organizar viajes con mis compañeros… tampoco me daban permiso ya que no habría a cargo ningún adulto responsable.

Ya más vieja logré organizar uno que otro panorama y un par de años lo pasé muy bien, pero siempre me costó que las cosas se dieran y todo resultó tras un gran esfuerzo logístico y económico.

Ahora las chicas de Betazeta me dicen que no sea fome, que sea positiva, y que piense que este año lo pasaré bien, haga lo que haga, vaya donde vaya. Bueno, estoy intentando mantener mi mente abierta, pero el panorama que tenía, no ha salido fácil y puede que no resulte.

Supongo que si eso pasa, me encerraré en mi casa para no oler los asados de los vecinos, y no prenderé la tele para no tener idea que es 18 de septiembre.

¿A ustedes les gusta el “dieciocho”?¿Tienen algo planeado para celebrar?