Algunos creen que la homosexualidad se puede curar

Hace más de cuarenta años que no es una enfermedad

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A pocas horas de la reciente aprobación en Chile del AVP (Acuerdo de vida en pareja) o como también se conoce AVC (Acuerdo de vida en común); que en Argentina, que en varios estados de Estados Unidos, Holanda y varios otros países del mundo está permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo, hay algunos que siguen creyendo que la homosexualidad tiene cura.

Por supuesto que no. Porque no es una enfermedad. Pero a pleno siglo XXI, siguen existiendo personas, iglesias, instituciones, psicólogos, y teóricos que creen que la homosexualidad es una opción, y utilizan una serie de “técnicas”  para abandonar esas “atracciones al mismo sexo”.

Una de ellas es el “regaloneo”. O algo así; cuddling, se llama en inglés el afecto físico no sexual. O sea, los besos de saludo, abrazos de cumpleaños, palmaditas en la espalda y demases.

El tipo que lidera esta cuestión, dice que la homosexualidad no es más que falta de afecto y de cariño físico por parte de personas del mismo sexo. Así, un niño hijo de madre soltera sin una figura paterna presente y cariñosa, tendría altas posibilidades de volverse homosexual, o “atraído por el mismo sexo” como prefieren llamarlo.

Así que el tipo este organiza unas especies de reuniones donde los hombres se abrazan con brazos y piernas y se hacen cariño. No hay nada sexual, excepto que con el contacto de sus genitales con otros hombres, los “pacientes” tienen erecciones –lo cual es “parte del proceso de sanación”  ciertas sesiones donde se realizan masturbaciones mutuas o exhibidas y otras situaciones freak que me dejan los pelos de punta. Finalmente, remata el autor de la columna “Estos líderes de cambio, en realidad, lo que quieren no es ayudar a sus pacientes, sino ayudarse ellos mismos, a tener algo de afecto y algo de autoestima”

Sí, cada iglesia o corporación religiosa, Católica, bautista, protestante, testigos de Jehová, evangélicos, budistas, Hare Krishna, Judías, Ortodoxas y Musulmanas, del Séptimo Día, Mormonas y lo que exista, son libres de organizar cuanta actividad, reunión, consejería o ceremonia que quiera, siempre y cuando esta no atente contra la dignidad de las personas.

Si quieren hacer reuniones y hablarle a las personas que en realidad, no están de acuerdo con la homosexualidad, pues que lo hagan. Si quieren repartir folletos, predicar en la calle, tocar el timbre de mi casa el domingo a las 9 am, llamar por teléfono y  decir “Buenos días que dios la Bendiga, soy Mitsy y soy Testigo de Jehová y encontré su billetera”, si quieren colgar carteles que dicen “Jesús te ama”, y si quieren replicar versículos de la Biblia en comentarios copypaste acá abajo, si quieren tener una especie de Community Manager que debe estar todo el día monitoreando y tratando de convertir gente, si quieren recorrer el mundo compartiendo la palabra, si quieren ayudar a los presos de las cárceles, si quieren hacer pastorales familiares, juveniles, matrimoniales, para personas solas, si quieren hacer cajas de Navidad, si quieren hacer marchas, conciertos, eventos, fiestas, bailes y lo que se les ocurra:

QUE LO HAGAN

En general, daño no hacen y a menos que seas Satanás, ¿Qué te molesta que te digan “Jesús te ama” o whatever? A mí me da lo mismo, de hecho, admiro la fe inquebrantable de muchas personas y me doy cuenta que de las que conozco, son excelentes personas con tremendas buenas intenciones. Sonrío y rechazo el folleto con ilustraciones noventeras.

Pero si comienzan con la tontera de “rezar para que la homosexualidad se sane” estamos mal. Por más que le pida a Dios amanecer con alas de mariposa, (como recé durante varios años de infancia hasta entender un poco como funcionaban las cosas) no lo lograré. Quizá podrían rezarle a Dios, a Yahvé a Jehová o a quien quieran, para pedirles que los ilumine, que los haga tolerantes, abiertos, que los ayude a amar al prójimo como a uno mismo. O sea, sin querer cambiarlo. Que mande una fe de erratas de la biblia, o que al menos, mande una nota de la traducción. Recen por eso.

Porque para ayudar a alguien, no puede desconocerse su condición. Cualquier terapia psicológica respetable, considera lo que el paciente cree que son problemas y lo ayuda, pero primero, enseñándole a aceptar que esa persona es así. Hace un año estoy yendo a la psicóloga y he aprendido que yo soy perfeccionista y llevada de mis ideas, y que siempre voy a ser así. No puedo cambiarme, y poco a poco, he aprendido a no querer cambiarme, sino más bien a mejorar, a crecer como persona y a manejar del mejor modo aquellas cosas que me molestan de mí. Si tuviera alguna enfermedad, como por ejemplo, Trastorno Obsesivo Compulsivo, o depresión, o no sé, me hubieran derivado al psiquiatra, me hubieran dado medicamentos y yo me “mejoraría”.

Alrededor del año setenta que la homosexualidad ya no es considerada una enfermedad.  Entonces, si alguien quiere “ayudar” a un homosexual a enfrentar su homosexualidad, las críticas, los cambios, las miradas de otros y a reconciliarse con muchas cosas… no puede desconocer su condición. Puede ayudarlo a ser “mejor persona homosexual”. Pero no puede ayudarlo a “no ser homosexual.”

Si una persona que siente que es homosexual, llega a la psicóloga y le dice “no quiero ser homosexual” recibirá la misma respuesta que si va al cardiólogo y le dice que quiere que se le implante un corazón extra. “Lo siento, eso no es posible”. Y lo derivará al psiquiatra. Cuando yo llegué diciendo “ya no quiero ser más perfeccionista”, me dejaron hablar y desahogarme. Pero a la segunda sesión, ya me explicaron clarito, que yo era quien era, y que nada en el mundo podía ni debía cambiarme.

¿Qué opinan ustedes?