El taxista… ¿Amigo?

¡No a la discriminación!

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Los taxistas. Amigos de peatones, automovilistas con restricción, borrachos responsables, pudientes autofóbicos. ¿Realmente es así?

En una ciudad cada vez más congestionada –Santiago- con un sistema de transporte que cada vez deja más que desear y un valor de combustible que crece sin tregua, los taxis se han convertido en la solución para muchos problemas. Sí, sale un poco caro, pero ciertamente es más barato que tener el auto estacionado, pagar bencina, seguro, permiso de circulación. Los taxis nos ayudan. ¿O no?

Con sorpresa veíamos esta noticia: un taxista en Honduras, al percatarse de que su pasajera estaba a punto de parir a su guagua, le dijo que se bajara “porque podría manchar los asientos con sangre”. La pobre mujer tuvo a su guagua en plena vía pública ayudada por transeúntes y por bomberos que llegaron al lugar. Uno de los bomberos se quitó el chaleco para abrigar al bebé. Afortunadamente, madre e hijo están bien.

No he sabido de casos así acá en Chile; como que un taxista baje a alguien porque está teniendo a su hijo, pero sí veo como las mujeres que tienen un bebé en un coche, tienen que esperar que pasen varios taxis antes de que alguno se digne a detenerse y llevarla. Como si le estuvieran haciendo un favor. También supe de un caso de una persona que fue acuchillada. Transeúntes la vieron y quisieron llevarla al hospital cercano; una ambulancia demoraría al menos una hora. Pero ningún taxi quiso detenerse. Ignoro si la persona sobrevivió; fue una historia que escuché hace mucho tiempo, de terceros y a través de un fotolog.

Entiendo un poco a los taxistas. Su trabajo es sacrificado, peligroso, se exponen a mucho y frente a ciertas situaciones, nadie responde. Una vez hubo un partido de fútbol, al que no fui, pero igualmente tuve que huir de donde estaba por los disturbios ocasionados por hinchas del equipo ganador y por hinchas del equipo perdedor. El taxi que tomé olía a vino, y el taxista comentó con amargura que habían sido unas “cabras que iban al estadio que le dieron vuelta una caja de vino”.

Pero no es justo que discriminen a las personas por los motivos antes expuestos, o por otros motivos tales como que uno “va muy cerca” o “muy lejos”. Los taxistas están utilizando la vía pública para trabajar, por lo que no deberían discriminar a quienes llevan. ¿Acaso cuando uno va a comprar un kilo de arroz, sólo se lo venden si uno va a hacer paella? “No, si lo quiere para hacer rissoto, no lo puede comprar”. ¿Se imaginan?

A menos que se trate de un menor de edad pretendiendo comprar alcohol o cigarrillos, cada quien es libre de utilizar los servicios y de comprar lo que quiera, siempre y cuando pague por ellos el precio acordado.

Cuando no había metro cerca de mi casa, varias veces que me encontraba enferma, lesionada o era tarde y por ende peligroso circular a pie, me costaba encontrar un taxi. Si le decía que iba a x calle, no me permitía subir. Así que opté por decirle “siga no más yo le indico” y mentirle con que desconocía el nombre de la calle, haciéndome pasar por provinciana.

Quizá debería existir algún tipo de seguro especial para taxistas, que los protegiera de pasajeros asaltantes, ebrios, parturientos o sangrantes, o una mejor organización de los distintos paraderos ubicados en áreas estratégicas, para que ellos no perdieran su cupo en la fila por llevarlo a uno a 20 cuadras en vez de a 40.

¿Qué opinan ustedes?¿Les ha tocado sentirse discriminados por un taxista?¿Tienen casos cercanos de taxistas que quieran defender?