El trago envenenado

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Cuando éramos adolescentes, y hasta el día de hoy, se nos recomienda vivamente no aceptar tragos de extraños; nunca; jamás. Ni aunque sea el trago más rico. Porque resulta que le pueden “echar algo”, violarte y dejarte por ahí y tú jamás recordarás nada.

Mi hermano mayor, que era el encargado de transportarme hacia y desde cumpleaños, fiestas y discotheques, con gran solemnidad me comunicó la importancia de usar reloj, (una imitación Baby- G en esos tiempos, el equivalente al Ice Watch que se usa ahora)  tener monedas para los teléfonos públicos, no perderme de mis amigas, si me enojaba con ellas inmediatamente buscar a alguien conocido y llamar por teléfono para que me fueran a buscar.

Insistió un poco en que no era bueno que anduviera con peto pero lo más importante de todo, fue que “jamás tomara algo que no viniera sellado”. La coca-cola sin gas que me servían en vaso plástico no supo de botellas abiertas en mis ojos; claro, mi hermano se imaginaba que yo iba a un bar pituco y no a una barra llena de adolescentes borrachos y baristas sólo un poco mayores.

Pero siempre hice caso. Nunca acepté un sorbo de la piscola que me ofrecía mi compañero de baile por más que tuviera pinta de niñito bueno. Claro, todos sabemos lo rancias que eran esas piscolas; eso ayudaba a que no quisiera ni probarlas, pero ni cerveza ni bebida ni agua ni nada les acepté.

Ahora que lo pienso, no recibir tragos de otros puede no ser garantía de nada. Imagina que  estás sentada en la barra, con un trago comprado por ti y preparado ante tus ojos, con una bebida sellada, disfrutando y riendo con alguna amiga, con una cita fugaz o con un galán que te corteja. ¿Quién te asegura que no deslice sutilmente una sustancia que pueda hacerte perder el conocimiento? Ojo, que también puede ser una mina que quiere robarte la billetera, no todo en esta vida delincuencial es violación.

Afortunadamente, ahora existe un sistema que permite detectar instantáneamente la presencia de ácido gamma hidrobutírico y ketamina, dos de las drogas más usadas en las violaciones. Si una pequeña gota del trago entra en contacto con una sustancia elaborada por los investigadores, el trago se vuelve sucio y pierde su transparencia.

Aún no está claro cómo funcionaría; se supone que si alguien quiere hacerte daño, la discresión es vital. Se discute si podrá hacerse que si el trago contiene alguna de esas sustancias, se envíe un mensaje de texto al celular, o se encienda una luz discreta. Después de todo, no es entretenido dejar de beber un trago que una se ha comprado por el riesgo que alguien haya puesto algo allí. Pienso que debería actuar como una especie de bombilla o adorno en el trago.

En todo caso, es muy importante que seamos cautas en nuestra seguridad, y aunque ya no tengamos 15 años, hacerle caso a nuestras madres y hermanos cuando nos decían “nunca pierdas de vista el vaso desde el que bebes”.