Hola, ¿Quieres ser mi amiga?

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Así partían muchas de nuestras conversaciones de infancia. Salías a la calle – antes se podía – veías a alguien o a álguienes jugando y de entrada decías eso. También si estabas de vacaciones, o en una plaza. Daba lo mismo.

Luego de alguna forma u otra comenzaste a preguntar si podías jugar. No sé qué habrá sido primero.

Todos los niños de mi pasaje nos hicimos amigos así. Cuando veíamos un camión de mudanza, lo espiábamos por la ventana viendo si de él bajaban camas chicas, bicicletas, cajas que dijeran juguetes o demases. Y cuando por fin salían a jugar, salíamos nosotros. Ellos nos preguntaban o bien nosotros los íbamos a buscar.

Echo de menos un poco eso; esa apertura sincera de la voluntad que uno puede poner en las relaciones humanas. Nadie pensaba si a uno le caía bien o no alguien. Primero venía la amistad, y después las formalidades, el conocimiento y la decisión. Primero ofrecías, o pedías, con toda inocencia y honestidad. Sin mayores complicaciones. Y nadie se enojaba si algo salía mal. Todo era un juego.

Pero para hacer un amigo o amiga nueva a esta edad, pucha que es difícil. No es que uno ande por la vida #foreveralone buscando con quien amigarse, pero a veces uno conoce gente que le cae bien y quiere ser su amiga. Y uno cacha altiro que le cae bien. Obvio que uno no sabe hasta que punto podrá confiar en esa persona. No es como que uno vaya contándole algo a alguien que recién viene conociendo o vaya haciendo negocios con Pedro Juan y Diego.

Hoy leí en la revista Mujer del domingo, http://mujer.latercera.com/, un artículo que explicaba la figura del amigo, desde la masculinidad. Los hombres se hacen amigos jugando a algo. Principalmente un deporte, principalmente fútbol. Mi pololo jugaba al arco hasta que se lesionó la muñeca y mi primo jugaba de delantero hasta que terminó con un esguince crónico. Así se conocieron ellos y así conocí yo a mi pololo.

Pero las mujeres no hacemos eso. O sea sí, hay algunas que juegan fútbol, y cada día son más, pero no son la mayoría. La mayoría nos hacemos amigas por razones muy diversas. Porque nos conocimos en la u, salimos a fumar, nos prestamos crema de manos o nos regalamos un pañuelito. Porque nos salvamos con una toalla higiénica, porque terminamos almorzando juntas, porque una a otra le cuidó el bolso, porque te prestaron un cuaderno, porque le compraste algo a alguien. En fin. Hay demasiadas formas de caerse bien, seguir hablando y de cierta forma hacerse amiga. Un día te quedaste trabajando hasta tarde y te encontraste con la diseñadora que conociste haciendo la práctica y así de la nada te invitó a carretear.

“¿Sabís qué? Me caíste bien. ¿Seamos amigas? Porque así lo hacía uno cuando chico, y funcionaba”. “Tienes razón” me digo hasta ahora mi mejor amiga de la U. Y funcionó.

Y tú, ¿Cómo te hiciste amiga de tus amigas?