¿Cambio o no cambio el celular?

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Este es mi celular. Se los presento, es marca Otek. Lo compró mi hermano en Estados Unidos en 2003. Es una especie de proto smartphone.  En su momento, era lo más top que hay. Porque además de teléfono, tenía para mandar mensajes, pantalla a color, cámara de fotos, grabación de voz, Excel, notas, y una serie de funciones que en ese momento no todos los celulares tenían. Ah, también tenía la potencialidad de enviar y recibir mails, conectarse a Internet y otra serie de cosas.

Mi hermano lo compró desbloqueado, le puso un chip de su compañía de siempre, pero nunca le funcionó bien. Y como no lo vendían acá, y en su compañía no tenían idea de nada y tampoco ganas de ayudarlo. Y mi hermano se aburrió y se compró otro. Este lo dejó botado y en un momento me lo ofreció. Yo pensé que podía ser buena idea y lo acepté. Le saqué el chip a mi celular que usaba siempre y se lo puse a este mamostreto. Al principio usaba el calendario, pero pronto me aburrí de que fuera tan grande, feo, pesado y lento (porque es como un computador finalmente) y volví al antiguo.

Cambié de teléfono y fui feliz hasta que tras un curioso incidente, lo perdí para siempre.

Volví a este gigantoide. Eso fue hace como un año. En ese momento no tenía plata como para cambiarlo, y en realidad, encontraba que debía pagar mis penas por haber perdido el otro. Luego empecé a tener plata, pero no tanta; la prioridad era tener para mis gastos básicos sin tener que pedigüeñarle tanto a mis papás.

Este parece post de wayerless, pero no lo es, porque yo no sé nada de celulares. Yo sólo sé que quiero cambiar el mío. ¿O no?

La verdad, no es “necesario” cambiarlo. Está bueno, la batería dura harto y recibo y hago llamadas y eso debería bastarme. Pero en este último tiempo, he tenido ganas de cambiarlo.

Por que al cambiarlo, no sólo estaría cambiando un equipo que no me gusta. También estaría cambiándome de compañía, contratando un plan con Internet, y lo más importante de todo, estaría independizándome levemente de mis papás. Primero fue dejar de pedir plata, luego fue pagar las deudas que tenía con mi mamá, ir a ver a Paul Mc Cartney y a  Lolapalooza, comprarme las soñadas botas de taco alto, pagar mi propia sacada de muelas del juicio (algún día les contaré de ello), pagar mi placa de bruxismo (el martes sé cuánto me saldrá) echar mi propia bencina y al menos a partir del próximo mes, pagar el seguro de mi auto.

Cambiar mi celular, es un poco un aviso de declaración de independencia. Un poco no más. Pasitos de guagua para mí en la vida.

Así que dadas las circunstancias, debería cambiarlo. Quizá no ahora, quizá no a fin de mes ni a fin del próximo, pero pronto.

Mi temor por las deudas es tal, que no sólo debo juntar el dinero para pagar el equipo al contado; también tengo que juntar el dinero de la cuenta (que debería costar siempre lo mismo) multiplicado por todos los meses que dure el plan. Uno nunca sabe lo que va a pasar. ¿Qué pasa si quiebra mi empresa?¿O si hacen una reducción de personal?

En el mejor de los casos, quedo con una buena porción de lucas bajo la manga.

Cambiar mi celular, no sólo me haría más independiente sino que además podría venirme en la mañana leyendo el twitter y por consiguiente las noticias, llegando mucho más preparada para el trabajo. Podría entretenerme cada vez que me tocara esperar y yo no tuviera a mano mi libro. Podría tener Internet en caso de que se cortara la luz. Cuando perdí el celular, también perdí mi cámara de fotos; y tengo muchas ganas de tener una. Si me compro un celular con una cámara muy buena, no me tengo que comprar cámara de fotos.

Y, como ahora no tengo tantos gastos, “puedo” hacerlo. Quizá si viviera sola y tuviera que pagar arriendo, agua, luz, gas, y comida como todos los mortales, no podría y ni siquiera me lo preguntaría.

Aunque… ¿quiero dejar esos 18 minutos de lectura de mi libro cada mañana y cada tarde por la vorágine de la información? Cada día leo menos libros y la lectura del metro es lo único que me va quedando.

Además, si alguien me asalta y me roba mi teléfono, no voy a decir que no me enojo, pero no me pondría a llorar. Y dudo mucho que alguien quisiera robarme semejante ridiculez.  Tendría que darle cuentas a mi hermano, pero no creo que se enoje. En cambio si lo cambiara por un celular bonito, nuevo y comprado por mí, chuta que me daría rabia si le pasa algo.

En último caso, quizá estoy siendo un poco presionada por las tallas que le echan todos al que bautizaron cariñosamente como “El wáter”. O quizá voy viendo demasiados celulares bonitos por todos lados. O quizá me siento desinformada cuando llego a la oficina. ¿Por qué miéchica uno reemplaza cosas que están buenas sólo porque quiere una mejor?¿Es realmente necesario? Habiendo tanta gente que se muere de hambre… ¿Vale la pena que siquiera me esté cuestionando esto?

No sé. De momento, no puedo cambiarlo. Cuando pueda, veremos qué se hace.

¿Qué creen ustedes?¿Es muy feo mi celular?¿Debería cambiarlo o me quedo no más con él?