Se venden títulos ¡Tratar aquí!

Bueno, bonito, barato… y demasiado fácil

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Ayer vi En la mira, el programa de investigación de Chilevisión. El reportaje de ayer, realizado por el periodista Cristián Donoso, se trataba de la compra y venta de falsos títulos universitarios -técnicos y profesionales-, lo que al parecer se ha transformado en un negocio bastante común, además de jugosamente lucrativo.

Más que una crítica a esta horrible práctica, lo que quiero destacar es la negligencia de todo un sistema que está avalando a esta gente. Ejemplo literal: la persona que se hacía pasar por el “cliente”, compró por 180 mil pesos un título de médico de la Universidad de Santiago, que venía con timbres, estampillas y todo lo necesario para parecer real.

A continuación fue a una notaría a legalizar sus documentos con un nombre y un RUT inventados que no correspondían entre sí. Para probar aún más la ineficiencia del sistema, se paseó con sus papeles por varias notarías de Santiago y en ninguna de ellas le pidieron su carnet de identidad para comprobar que realmente era quien decía ser. A nadie le importó y previo pago de 10 mil pesos se fue con todo legal, no sin antes meterle conversación al personal de una de las notarías, quien le confesó que siempre llegaba gente con documentos falsos, pero que se daban cuenta en seguida, que no los hacían lesos así no más: INSÓLITO.

Llevando un poco más allá el engaño, fueron a una imprenta para mandar a hacer un recetario, porque todo médico debe tener uno. Allí tampoco le pidieron nada que asegurara que en verdad era médico y al par de días le entregaron su talonario listo e impreso con nombre, RUT y profesión falsos. Por ultimo, mandó a hacer timbres, los que van en todas las recetas que a uno le dan cuando va al doctor. ¿El resultado? Después de dos semanas, el tipo era médico general, de una de las mejores universidades del país, con recetas timbradas y todo, sin saber absolutamente nada de medicina.

Es muy probable que el sujeto que planifique todo este engaño no vaya realmente a ejercer como médico, ¿quién lo va a contratar?, ¿qué va a diagnosticar ? pero sí se puede hacer millonario vendiendo licencias falsas y/o recetando remedios y todo porque hay un estafador que lucra con esto, pero también y en gran medida, porque hay un sistema ineficiente que da pie para que esto pase y eso no puede ser. No puede ser que te hagan sentir como criminal cada vez que quieres subirte a un avión y que te revisen por todos lados, pero que nadie dude de nadie cuando quieres inscribir tu profesión o mandar a hacer recetas de médico.

Habían cosas aún peores, como personas que dentro de las mismas casas de estudio trabajaban coludidos con los “vendedores” y realmente traficaban títulos de verdad porque salían directo de la fábrica con timbres reales. Pero ya el colmo de los colmos, fue cuando cruzaron a Tacna, en Perú y se encontraron con que en un centro comercial ofrecían títulos con toda la honestidad del mundo y ¡oh sorpresa! también habían universidades chilenas y por menos de 10 mil pesos podías comprar la profesión que quisieras.

También hicieron dos “entrevistas de trabajo” a personas que habían comprado sus títulos; primero a un supuesto Ingeniero Civil Industrial y luego a una Parvularia, ambos con falsos certificados de la Universidad de Tarapacá. Fue muy divertido cuando a ella le preguntaron de qué había tratado su tesis -la cual según sus papeles, había hecho hace dos o tres años- no sabía que inventar y después de mucho rato dijo una incoherencia como “lectura…. transición…segundo básico”.

Con todo lo que leí para mi tesis, jamás en la vida se me va a olvidar y si soy tan patuda como para comprar un título y más encima ir a una entrevista de trabajo, por último me preocupo de cubrir todos mis posibles puntos débiles y preparar respuestas creíbles. No es tan difícil pensar en un título y por último te metes a la página de cualquier biblioteca de universidad y te aprendes uno; mínimo que si vas a mentir, mientas bien.

La última crítica va para los empleadores del supuesto ingeniero, que luego comprobaron que había sido alumno de la Universidad de Tarapacá por un mes hace más de 20 años, porque el tipo había trabajado en Codelco y otras empresas que jamás corroboraron si su título era real o no. Yo como periodista, tal vez no voy a causar un gran daño  si jamás pisé la universidad, o la falsa parvularia algún instinto tendrá de cómo cuidar a un niño, pero una persona que va a trabajar en mantenimiento de máquinas como este tipo, es un peligro para la gente que trabaja con él.

Me fijé que a los “comerciantes” de Calama y Arica, les iba estupendo vendiendo certificados de Técnicos en prevención de riesgos que después sin ningún problema trabajaban en mineras de la zona. Qué prevención de riesgos, el riesgo para todos, es que los tengan ahí.

Así que ojalá que después de esta reveladora investigación, todos los involucrados indirectamente en el tema, abran los ojos y se pongan las pilas.