El problema de haberme perdido el terremoto del 27F

Es como haberse perdido un trozo de la historia.

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Para el devastador terremoto que afectó al centro sur de Chile el 27 de febrero del año pasado, yo estaba en Punta Arenas y allá, como sabrán, no pasó nada. Por meses pensé que había tenido suerte, pero ahora, me arrepiento un poco de mis dichos. En realidad yo debí haber estado en Viña ese día, porque mi pasaje de vuelta desde mi querida Patagonia, estaba para el día antes. Pero algo me dijo que debía quedarme y lo hice. Resultó que me desperté tipo 7 de la mañana cuando mi mamá hablaba por teléfono con alguien que le comunicaba la noticia.

En los días siguientes, todo fue muy extraño, porque más allá de lo que veía en las noticias, salía a la calle y era como si no estuviese en Chile; de hecho el terremoto de acá, me parecía casi tan lejano como el que había sacudido a Haití unas semanas antes. Lo peor es que quería ayudar pero no tenía cómo; ni hablar de venirme en avión; después del terremoto fue el caos turístico en Magallanes; todos los turistas querían salir rápidamente y los vuelos estaban cancelados; la gente hacía filas eternas afuera de las oficinas de las aerolíneas y otros dormían en el aeropuerto porque ya no tenían más plata para seguir pagando hoteles. Así que me quedé y volví un mes y medio después cuando todo parecía normal de nuevo, al menos en Santiago y las comunas por las que me muevo. En mi departamento se habían quebrado un par de vasos y quedó una pequeña grieta en una pared. Y la vida siguió.

La cosa es que el tema de conversación preferido pre fiebre mundialera, fue en efecto, el terremoto: dónde estabas, con quién, qué hacías, sabías que eso era un terremoto, cómo sabías si nunca habías vivido uno, etc etc. Como decía, con mi pánico crónico a los movimientos telúricos, durante meses agradecí enormemente no haber estado acá, pero después me empecé a dar cuenta de dos cosas:

– Ante el más mínimo temblorcito pensaba que se venía el mega sismo de nuevo. Mi hermano estudia ingeniería en minas y le daba con que estadísticamente, analizando los terremotos de los que se tiene registro a lo largo de la historia, faltaba una réplica grande y yo casi no dormía pensando en el momento en que vendría. Era como esperar al cuco o al viejo del saco que te iba a llevar si no te comías todos los porotos.

– Que perderme el terremoto, fue como haberme perdido una parte importante de la historia de Chile. Esto va más allá de no tener nada que opinar en una conversación; eso da lo mismo. Lo importante, es que encuentro que nuestra generación ya se ha perdido cosas trascendentales en la historia de nuestro país. Si bien nacimos en dictadura, al menos yo, no me acuerdo de los 80′; mi memoria empieza como el 90′ así que siempre he pensado que me hubiese gustado vivir en esos años para poder opinar con fundamento; quizás pensaría diferente, quizás no, pero es difícil opinar de algo que uno no vivió. Eso mismo me pasa con el terremoto, es que debí haberlo vivido y me lo perdí y uno ve cómo la gente que estuvo ahí, tiene algo que los une; haber sido testigos y actores en algo importante, que a muchos le cambió la vida y uno mira desde afuera, sintiéndose como extranjero en su propio país.

¿Y ustedes dónde estaban para el terremoto?