No le dicen a nadie el sexo de su hijo

Sus padres quieren que crezca libre

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Una pareja en Canadá tiene una guagua de 4 meses. No sabemos si es un niño o una niña. Los padres lo saben, sus otros hijos lo saben, un par de amigos cercanos lo sabe. No lo sabe nadie más, ni siquiera sus abuelos.

El bebé recibió por nombre “Storm” (Tormenta). No es que el niño haya nacido con una malformación de ambigüedad sexual, para nada. Sus padres simplemente quieren “Liberarlo de los límites sociales y permitiéndole ser quien quiera ser”. No le regalarán juguetes de niñita o de niñito, y lo vestirán con colores neutros.

En primer lugar, no puedo negar que me parece curioso. Cuesta encontrar noticias que sean realmente novedosas o situaciones realmente originales. En tiempos donde el debate por el matrimonio homosexual y la igualdad entre géneros se toman la agenda noticiosa, este caso es al menos destacable.

Es verdad que muchas veces, a muchos de nosotros se nos educó diferente por ser mujeres o por ser hombres; creo que lo más potente es en el tema sexual. Un hombre que se mete con muchas mujeres es un dandy pero una mujer que se mete con muchos hombres es una maraca o una prostituta. Eso ha ido cambiando poco a poco con el tiempo en algunas familias  (en cuanto al modo de educar) más rápidamente que en otras, pero yo diría que aunque persistente en algunos sectores, en franca retirada.

Pero no creo que el simple hecho de poseer un género, conocerlo y compartirlo con el mundo condicione de por sí quién serás en la vida. Sí, me ponían chalitas blancas y vestido, me regalaban muñecas y tacitas. Pero igual jugaba a la pinta, al banco, al doctor, al colegio  o a la compra venta con mis primos. Y cuando prendía la tele, sola ponía Angel, Candy y Honey Honey. Nadie me obligaba ni me influenciaba a no ver las Tortugas Ninja.

Y NO VEO NADA DE MALO EN ELLO

Sí, debemos tener los mismos sueldos, las mismas oportunidades. Sí, nos deberían cobrar lo mismo en la Isapre, porque no es nuestra “Culpa” que tengamos útero. Pero que nos abran la puerta, cuando la puerta es pesadísima, y una pesa menos de 50 kilos, y el varón que nos acompaña pesa 80; o que nos ordenen la maleta del auto porque tienen mejor visión espacial que una, o que una envuelva los regalos, decore el árbol de pascua o guarde la economía familiar yendo al supermercado y fijándose que el joven echó al carro huevos con Omega tres  que valen lo mismo que un tarro de atún –que tiene más Omega 3- pero que no se fijó pensando que eran huevos cualesquiera.

.¿Qué tiene de malo ser diferente, comportarse diferente y sentir diferente? Mientras tengamos las mismas oportunidades y seamos igualmente valorados como personas, todo bien.

Es más. Creo que la diferencia es buena. Tal cual. Es parte de quien uno es. Uno no puede negar su nacionalidad, su familia, su sexo. Son cosas que nadie elige, son aquella parte de nosotros que –en general- no podemos cambiar. Sí, podemos vivir la agonía de la transgeneralidad, cuando una persona tiene un cuerpo de hombre pero se siente mujer o viceversa; podemos huir de nuestro país y nacionalizarnos de otro, podemos renegar de nuestra familia pero nunca podemos hacer como que no existió.  Se mire por donde se mire, tu género forma parte irrenunciable de tu identidad.

¿Qué creen ustedes?