Blanquita: las mujeres y sus autos

¿Qué esperamos nosotras de los autos?

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Se llamaba Blanquita. Era un Hyundai Accent de 1995, con 100.000 escasos kilómetros porque lo tenían botado en un parqueadero. Le pintaron con una cosa que  parecía corrector de escritura al óxido que mostraba su maleta. No era ni cool, ni top, ni último modelo como el de varias compañeras de Universidad. Era un sedán de vieja. Per0 andaba y yo me daba con una piedra en el pecho por el beneficio que me ayudaba a llegar a la universidad empinada en el cerro.

Le puse Blanquita porque no se me ocurrió otro nombre. En este tiempo, el nombre insuperable de vehículos era “Tulio” el  Susuki Switf Sedán 93’ de otra compañera. Tulio pasaba en pana pero sobrevivió al choque de un camión.

La mamá de una compañera, bautizó con nombres de caballos famosos a sus vehículos. El Plata y el Rocinante fueron algunos.

Me acordé de todo esto luego de leer un artículo en El Mercurio donde se entrevistaba a algunas mujeres y la relación que tienen con sus autos. Sí, para ellas es un medio de transporte, pero muchas mujeres pasan harto tiempo arriba de sus vehículos. Llevan a los niños al colegio, van a la oficina, vuelven a almorzar a la casa, van a buscar a los niños al colegio, los llevan al médico, pasan al supermercado, a la reunión, vuelven donde la amiga, retiran la torta, etcétera.

Así que según este artículo, al parecer a las mujeres no nos importan tanto ciertas cosas en los vehículos, como aspectos técnicos de potencia y rendimiento, sino más bien la estética y los accesorios (el espejito, la maleta amplia, el porta botella, la guantera, el piso de goma, el revestimiento de asientos lavable, etc).

Lo otro que decía, es que los cambios de autos se asociaban a cambios en la vida de las personas, como por ejemplo separaciones o cambios de trabajo. Es un poco obvio; si me cambio de trabajo y gano un poco más, puedo cambiar el auto, si mi trabajo está lejos, quizá necesito uno más económico. Si me separo, tendré menos dinero para la bencina y tendré que buscar algo más económico, o no entiendo nada de mecánica y quiero un auto nuevo que no me de problemas, o al revés, el auto “familiar” era el de mi ex, que se mandó cambiar y en el city car chino ya no caben los niños y sus piltrafas.

¿Quién no ha soñado con un sexy descapotable y una glamourosa melena al viento? ¿O con un 4×4 poderoso para dominar el paisaje y ver la puesta de sol en una playa virgen? ¿O con una van para ir todos de paseo?

La cabeza de las mujeres es imaginativa para cosas como las anteriores, y un auto puede guardar muchos más recuerdos. Tal vez un beso robado de una cita de la que no estábamos muy seguras; tal vez un no beso que nos hizo perder a un amigo; tal vez una conversación en un viaje con tu pololo que estaba pendiente y que te sacó lágrimas de emoción. Recuerden si no “Voy en un coche” de Christina Rosenvinge.

Blanquita se fue al sur, donde la podían cuidar mejor, pero no le he puesto nombre a quien la siguió. Es el mismo modelo un poco más nuevo; un poco cuadrado por lo que Blanquita no le viene demasiado bien.  No sé si tengo una relación cercana con  mi auto, pero si me comprara uno que fuera elegido y pagado por mí, quizá sí me preocuparía por cosas que para muchos hombres, son puras estupideces, como el rendimiento, el espejo – ojalá con luz- la maleta espaciosa, el porta botella y obvio, que el auto sea lindo.

¿Qué esperas tú de un auto?