Arrojan ácido sobre su cara… y ella quiere venganza

Ojo por ojo…

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En 2004, un hombre decidió que si una mujer que él quería para él, no la quería, no podría entonces ver a ningún hombre más, y ningún hombre podría ver su rostro y desearla.

Entonces la esperó horas fuera de su trabajo, le echó ácido en la cara y la condenó a una vida de sufrimientos, varias operaciones y una ceguera irreversible. Cuando se le entrevistan, además, dice que no quería dejarla ciega -sólo fea- y que fue culpa de los médicos que no la atendieron bien.Y dice que si sale de la cárcel, volverá a llamarla y si ella lo acepta, la cuidará para siempre.

Ojo por ojo, y el mundo quedará ciego, es lo que uno predica y cree que es correcto. Es lo humanitariamente deseado, una evolución en la humanidad.

Pero no es lo que mi corazoncito desea cuando ve las imágenes de esta mujer. Cuando la veo, me dan ganas no sólo que le echen ácido al desgraciado en  el rostro. También que se lo echen en cierta parte y en los pies, y en las manos, y si pueden dejarlo morirse de eso, también.

Ameneh Bahrami es una iraní que soportó las insistencias de Mayid Mohavedí durante bastante tiempo, y la ley Iraní permite la aplicación de la Ley del Talión si la víctima lo desea. Bueno, en este caso, como la mujer vale la mitad que el hombre, sólo tiene derecho de arruinarle un ojo. (En todo caso, así es mejor; puede ver como quedó y sentirse más mal) Y así eran las ansias de venganza de Ameneh. No puedo culparla de querer eso.

Ahora, el hombre está encarcelado y diversas organizaciones humanitarias presionaron para que se pospusiera el enceguecimiento. Las explicaciones que dio la autoridad iraní era que no había un médico presente para supervisar  el procedimiento, donde ella misma le echaría las gotitas del ácido al hombre que la dañó. A ella le dijeron que se postergaba, pero a todos los demás, que se suspendía.

Ameneh escribió un libro y contó su caso a quien quisiera escucharla; quizá eso fue lo que no le gustó a las autoridades.

Lo cierto es que nada podrá devolverle a esta mujer ni su vista, ni si belleza. Tampoco su dignidad. Quizá lograr echarle las gotas de ácido al hombre podrá cerrar en parte el ciclo de su sufrimiento, para ella, las cosas jamás van a cambiar.

Es que él decía que la amaba… ¿Así son las cosas del amor?