Irse de la casa con el novio: ¿Éxito o fracaso seguro?

Depende de qué pareja, cuándo y cómo.

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Ilustración: Catherine Granic

Más allá del concepto de matrimonio, existe un vínculo mucho más importante a largo plazo: convivir con alguien a quién amas pero que no es de tu familia. Brutal, arriesgado, aunque en algunos casos (la mayoría) es un paso necesario.

En mi círculo de amigos, que en su mayoría son del grupo de los que aceptaron el desafío de vivir con su pareja, siempre me recomiendan lo mismo: amor, fidelidad, y demasiada paciencia.

Siguiendo los tips de mis amigos, el primer paso es estar tan enganchado como tu pareja. ¿Para qué arriesgarse a vivir con alguien que es insoportablemente desordenado si no lo amas? Compartir tu metro cuadrado, que te vean en ropa interior, es un acto de confianza, es decir, amor. Este para mí es la base de cualquier aventura en pareja, sin eso creo que no se puede ser un compañero de verdad.

Fidelidad es la etapa por default para convivir con salud mental. Arriesgarse a convivir con alguien que se anda besuqueando con la vecina, de seguro es la peor experiencia. Algunas veces se pasa tan mal, que aguantar que el día a día sea insoportable y saber que no tienes una “exclusividad sentimental”, para aquellos que somos más inseguros es un golpe bajo.

El tercer ingrediente involucra algo más que tener un carácter controlable. Tener paciencia es la base para la organización desde problemas simples, hasta ponerle frente a una catástrofe. Se paciente determina ejercer autocontrol, madurar y aplicar este súper poder.

La pregunta que propuse en título sólo tiene una respuesta: depende de qué pareja, cuándo y cómo. ¿Es decir? Siempre será un misterio y sólo los valientes tendrán su verdad.