Viviendo con el hermano menor

Olvidó retirar las entradas para McCartney.

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Es toda una experiencia. Llevamos cuatro años viviendo juntos, desde que él entró a la universidad, cuando yo ya llevaba varios años estudiando. Hasta ese momento yo había vivido sola y después con una amiga. Con mi hermano había dejado de convivir hacía unos años y el cambio podía ser súper fuerte.

De seguro en este tiempo han pasado muchas más cosas de las que me puedo acordar, y por cierto, muchas más cosas buenas que malas, pero de repente los hermanos menores hacen cosas que te sacan de quicio, como quemar el mantel con cigarros, no ayudar con la limpieza, planchar encima de la cama y quemar las sábanas o no ir a buscar las entradas para Paul McCartney que habíamos comprado hace más de un mes. (Al final las fue a buscar ayer en la mañana y todo bien, pero cuando se la pedí y no la tenía, quise matarlo).

Tampoco todo es malo, siempre hay cosas buenas de vivir con alguien de tu familia versus un amigo o desconocido, porque le tienes confianza y aunque uno se pelee siempre se vuelve a “amigar” y si tienes suerte comparten tallas internas y amor por series o películas y cosas así de raras que nadie más entiende. Por ejemplo nosotros tenemos una obsesión con Rain Man y nos sabemos los diálogos de memoria y de repente los decimos y nadie sabe de qué estamos hablando. También amamos todo lo que Chandler de Friends dice y podemos ver la serie hasta la muerte y jamás aburrirnos.

Además que comparado con otros casos “hermana-hermano” que conviven que me ha tocado presenciar, me encuentro una afortunada, por que de verdad que he visto cosas atroces. Lo otro es que creo que es mejor vivir con el hermano que con la hermana (no tengo hermanas así que esto es fruto de observaciones) pero por lo que he visto de mis amigas que tienen que compartir casa con las hermanas, he podido ver que las mujeres tienden a acusarse entre ellas y con los papás cuando alguna hace algo que a la otra le molesta, o a desarrollar una competencia del terror por quién fue la última que lavó los platos.

Así que a pesar de que a veces quiera irme a vivir sola, vivir con el hermano no es tan terrible. Además que de seguro yo también hago cosas que a él también le molestan, como olvidarme de apagar las luces y nunca apagar el calefón, exponiéndonos a los dos a morir reventados, calcinados o asfixiados.