El “aguante” está subvalorado

La “lata” no está en mi vocabulario

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“Aguantar” es un sinónimo de soportar. Cada vez hay más opciones, alternativas, canales y públicos a los cuales acudir cuando algo no nos gusta o cuando algo está mal. Antaño, muchas cosas se aguantaban porque no había como quejarse o como desmarcarse de determinada situación. Está bien que las mujeres reclamemos por la violencia, la discriminación; está bien que la gente reclame porque siente que están vulnerando sus derechos.

Pero en otros aspectos, creo que nos hemos pasado de la raya.  Siempre he sido reclamona, en el sentido de expresar  lo que no me agrada; sin embargo siempre he terminado haciendo lo que tengo que hacer, y con el tiempo he reclamado cada vez menos.

Cuando yo era chica, en mi casa no existían las excusas. “Me da lata” “no tengo ganas” no eran respuestas posibles cuando había que hacer una tarea escolar o cuando la mamá de uno lo mandaba a algo. En la medida que pasaron los años las cosas fueron evolucionando y podía llegar a un diálogo con mis padres en ciertos temas. Pero siempre supe que la vida es 10% voluntad y 90% deber. O algo así.

¿Por qué siento que ya no es así?¿Por qué siento que cada vez estamos más pendientes de lo que “queremos” hacer, en vez de lo que “debemos” hacer?

Lo veo en la calle, cuando los vehículos se estacionan en cualquier parte, cuando los peatones cruzan la calle por donde quieren. En el momento que hay que bajarse del metro, una tropa de desconsiderados te empuja hacia adentro. Estoy realmente aburrida de que las faltas de respeto constantes, sonantes y justificadas en el “son mis derechos” ¿Y dónde quedan las obligaciones?

La constancia, la persistencia y el aguante frente a situaciones que pueden no ser lo que queríamos, lo que esperábamos o lo que deseábamos pero que pueden a la larga ser lo mejor para uno y para los demás, están en franca retirada. El camino fácil para todo, no es el mejor camino; pero hay poca gente dispuesta a tomarlo: “Ay, no, es que me da lata ir en micro” (Por eso no voy o me  quedo sin bencina porque no tengo plata o me endeudo con un avance para pagar un crédito) “Ah, no, es que me da lata inscribirme” (Por eso no voto)  “Ah, es que no puedo ir al banco a pagar la cuenta” (Por eso estoy hasta el techo con intereses)  “Ah, es que no estoy ni ahí con cocinar.” (Por eso como comida chatarra) “Ah no es que no puedo llevar las cosas al punto limpio”. (Por eso no reciclo) “Nooo es que leer me da sueño, me duele el cuello” (Por eso no leo).Puras excusas para no reciclar, para no usar el transporte público, para no hacer las cosas mejor para que los rodean. “Ah es que me da lata trabajar en x cosa, yo estudié esta otra” “Es que me da lata esperar a tener la plata, mejor me lo compro en cuotas” “Noooo es que yo no puedo vivir en ese barrio.” “Es que cómo se te ocurre que me voy a poner tacos”.

Puras excusas simplonas frente a una incapacidad de aguantarse un poquito. Y preguntan por qué hay cesantía, por qué hay contaminación, por qué hay tanta cosa que nos hace tan mal.

Quizá soy demasiado perfeccionista o exigente; quizá debería ser más tolerante con los demás que no aperran. Quizá he tenido la suerte de no haber tenido que aperrar tanto, pero puedo asegurar que todos los que me conocen, saben que la lata, no forma parte de mi vocabulario. Lo puedo pensar, pero jamás lo diré. La lata no se interpone entre mí y las cosas.

¿Hay alguien que me entienda?