Ser de Punta Arenas en la jungla nortina

Punta Arenas no queda al lado de Puerto Montt

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Carla Magri

Nací en Punta Arenas y pasé allí toda mi infancia. Sin embargo, llevo ya ocho años viviendo fuera de mi tierra natal. En todo este tiempo, me he encontrado con todo tipo de personas y me han hecho infinitos comentarios acerca de mi ciudad de origen.

Los menos originales preguntan si mi mascota es un pingüino que vive en un iglú en el patio o si nos vamos al colegio en un trineo tirado por perros. Algunos de los peores comentarios encuentro que son los “ay que lejos” o “qué frío”, como si fueras de otro planeta. Aprovecho de resaltar que nunca en mi vida había tenido tanto frío como en los inviernos que he pasado acá en Santiago.

Otros comentarios igualmente desagradables son “¿por qué te vas en avión y no en bus?”. A ver, ¿por qué? ¿crees que no se me había ocurrido? Si tengo dos semanas de vacaciones para ir a mi casa y ver a mi familia, no voy a perder tres días de ida y tres de vuelta para poder llegar en bus. Lo que más me impresiona es que la gente no conozca su propio país y que no sepa dimensionar las distancias, siendo que todos tuvimos geografía de Chile en el colegio.

No creo que yo sepa ubicarme porque sea magallánica y esté obligada a viajar para moverme dentro del país para poder estudiar y trabajar en lo mío. Creo que si hubiese nacido en Arica igual sabría donde quedan las ciudades.

Obviamente que no sé todo; si hay un pueblo encumbrado en la cordillera, donde viven 200 personas probablemente no lo voy a conocer, pero al menos tengo nociones de los cuatro puntos cardinales y de dónde están las principales ciudades y sé que si te vas en bus a Arica te vas a demorar más de un día y que si quieres llegar a Punta Arenas en bus te vas a demorar tres y tienes que atravesar interminables kilómetros de pampa argentina. Esto último; que no exista una ruta eterna que una a Magallanes con el resto de Chile, parece ser lo menos conocido para muchos de los que nunca han mirado un mapa.

Un verano en Viña, acompañé a mi mamá a comprarse una cartera. Ella le preguntó al tipo si tenían tienda en Punta Arenas por si necesitaba cambiarla y el tipo le contestó que no, pero que fuera a Puerto Montt, porque ahí sí había. Mi mamá lo más amablemente que pudo le explicó que a Puerto Montt nos demorábamos dos horas en avión. Yo era chica, pero jamás le hubiese dicho a alguien de Arica que fuera a cambiar algo a Antofagasta, porque sé que queda lejos.

Esto me ha pasado muchas veces desde que dejé mi casa para venir a la universidad. Recalco que esto ha ocurrido en un contexto universitario, donde me he topado con gente con recursos y que se supone que ha recibido una buena educación. Creo que las dos peores cosas que me han dicho es “Ay, pero si no es tan lejos, yo una vez me fui en bus…ah no, parece que fue a Pucón” y “Mi primo tanto tanto vive en Puerto Montt, ¿lo conoces?” No, no conozco a tu primo de Puerto Montt ni a tu tío de Aysén, mi casa no queda al lado de la Antártica y no, no es cosa de correr las cortinas y ver las Torres del Paine, así que porfa cómprate un mapamundi.

¿A ustedes les ha pasado algo similar?