¿Por qué compramos tanto las mujeres?

Una sicóloga nos orienta

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Lo que más echarán de menos muchas mujeres de este fin de semana largo, será poder ir al mall. Las compradoras compulsivas encuentran en él su consuelo, y muchas de ellas lo hacen al punto de endeudarse hasta mucho más de su capacidad. La solución no va sólo por romper las tarjetas, sino por analizar cuáles son las cosas que sentimos que nos hacen comprar. Por eso entrevistamos a la sicóloga Mariana Fagalde, Directora de la Escuela de Sicología de la Universidad del Pacífico.

1.- ¿Por qué compran las mujeres?

Como todas las personas, las mujeres compran para satisfacer sus necesidades y deseos. ¿Pero de qué deseos y necesidades se trata? En nuestra cultura se confunde el logro de un estado de satisfacción interior, con la adquisición de un objeto. En ese sentido, muchas veces hombres y mujeres compran con el objetivo de alcanzar un estado de tranquilidad, estabilidad y confianza interna. Como esa sensación no tiene que ver con la adquisición o posesión de un objeto, el deseo no se satisface, y se vuelve a comprar. También tiene que ver con el poder de adquisición, como si el poder de adquisición pudiera hacernos sentir internamente más poderosos, estables, seguros, controladores de las situaciones y de nuestras sensaciones internas. En ese sentido podemos decir que mientras más se desconocen las propias y genuinas necesidades internas, más se compra.

2.- ¿Por qué no pueden resistir una oferta?

Además de lo anterior, los roles de género que se internalizan desde temprana infancia, y de manera muy rígida en nuestra sociedad, que moldean y limitan nuestros comportamientos, han llevado a que sean las mujeres las administradoras de los recursos que garantizan la subsistencia cotidiana. Aquí es clave el rol y la función de la dueña de casa (quien no abandona ese rol incluso cuando ha ingresado al mundo laboral y comparte responsabilidades en este segundo ámbito), quien administra los bienes para que éstos alcancen a satisfacer las necesidades propias y las de aquellos a quienes cuidan. Por ello, en esa lógica administrativa, las ofertas son fundamentales. La mujer está muy atenta y es consciente de lo que significa ahorrar en un determinado gasto. En esta cultura además, les necesidades de las mujeres son mayores que las de los hombres en cuanto se les impone una mayor plasticidad y flexibilidad en sus roles y en los objetos que deben ponerse en función de esos roles. Por ejemplo, las costumbres de nuestra sociedad en cuanto a vestuario implican mayores requerimientos para que una mujer se adapte a un determinado rol.

3.- ¿Qué es lo que sienten cuando tienen una prenda o crema nueva?

La adquisición de un objeto hace sentir -ilusoria y momentáneamente- bienestar, en la medida en que pareciera que con ella se alcanza un sentimiento de confianza, seguridad y tranquilidad interior. Como si el objeto viniese además a engrandecer la imagen que se tiene de mí misma, a fortalecer el sentimiento de identidad y el autoestima. Esta situación tiene que ver con la confusión entre el ser y el tener, tan propio de nuestra cultura. Se tiene la falsa ilusión y expectativa que tareas propias del ser, como la autorrealización y la autoexpresión, se cumplirían al tener, que “soy lo que tengo”.

4.- ¿Cuáles son los sentimientos que más llevan a las mujeres al mall? ¿Qué carencias buscan llenar?

He mencionado la confianza en sí misma, el autoestima, la autoimagen favorable, sentimiento de identidad, control y poder; pero sobre todo me parece necesario enfatizar que tiene que ver con el desarrollo del ser.

5.- ¿Como una puede autorregularse cuando las publicidades dicen que uno se “merece” cierta cosa?¿No será que lo que uno se merece son otras cosas que no se compran?

Es fundamental conocerse, de ser capaz de orientar nuestra reflexión, nuestra percepción y nuestra intuición, hacia nosotros mismos, y lograr identificar las genuinas necesidades para buscar satisfacer a través del desarrollo y de la expresión del ser lo que estamos tratando de satisfacer a través del tener.

Ya lo sabemos; si a fin de mes no nos queda plata sino muchas cuentas por pagar, si nuestro clóset rebosa de ropa que no usamos y los cosméticos se nos llegan a vencer de la tremenda cantidad que tenemos, si no podemos ir al mall sin salir con algo… es que, algo anda mal con nosotras. Sí, ir menos al mall y cerrar las tarjetas puede ser una opción, pero lo más importante es reconocer qué es lo que nos molesta, apena y hace mal y tratar de solucionarlo fuera del mall.