Sexo Anal: Un lujo que no puedo darme

Confesiones de una mujer muy ocupada.

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He seguido con mucho interés aquí en Belelú dos columnas relacionadas con este tema que, digámoslo, no deja a ninguna mujer indiferente. Y debo decir al respecto que no comparto ninguna de las posturas –qué paradoja, usar ese término justo cuando hablo de sexo anal- que se han vertido en este blog.

En relación a María del Pilar y sus consideraciones religiosas en torno a esta práctica sexual, sólo puedo decir que gracias a la amplitud de mente y tolerancia de mis padres, nunca tuve una formación religiosa. Por lo mismo, cosas tan extrañas como “pecado de fornicación” o “confesión” simplemente no están en mi disco duro. Por todo esto, mi acercamiento al sexo anal fue algo que se fue dando de manera casi natural, con el paso de los años y el conocimiento de nuevas y mejores parejas sexuales. En cuanto a lo que expresa Regina, tampoco me puedo identificar mucho con ella, ya que jamás he tenido problemas físicos –o de estrechez- al practicarlo.

De paso, es bueno aclarar que el sexo anal es una práctica mucho más común de lo que la gente cree. Sobre todo los hombres, que fantasean con atacarnos por la parte trasera. La verdad sea dicha, el sexo anal es bastante practicado en la intimidad de muchas parejas. Sin embargo, es poco comentado, incluso entre grupos de mujeres amigas. Por lo mismo, toma un  aire misterioso y oculto. Lo cual, al final del día, lo hace tremendamente apetecido por los hombres. Aunque muchos, lamentablemente para ellos, jamás lleguen a practicarlo de buena manera. Pero bueno, ese ya es otro tema.

Sin embargo, debo confesar, que hace mucho –pero mucho- tiempo que no tengo relaciones sexuales en esta modalidad. Y para explicar esto, debo contarles una historia más o menos larga.

Resulta que soy soltera, bordeo casi los cuarenta años y tengo un hijo pequeño. Por lo mismo, reparto casi la totalidad de mis horas y energías entre mi trabajo y mi hijo. Es decir, tiempo para divertirme con hombres tengo poco. Muy poco. Además, las mujeres que me estén leyendo deben saber que por lo general uno llega a ejercitarse en el sexo anal con parejas estables y duraderas. Y la mayoría de las veces, luego de haber tonteado bastante con muchas posiciones y técnicas.

Y claro. Mis parejas por lo general son bastante breves. Diversiones de por ahí y por allá. Nada que pase a mayores. Y ojo, no siempre porque yo lo quiera así. Pero, hay que decirlo, en este país las mujeres profesionales, independientes y con hijos ahuyentamos a casi todos los pseudo machos que se nos cruzan por el camino.

Por todo esto, y como ustedes entenderán, una no llega a instancias en que se dé lo del sexo anal cuando tiene encuentros tan esporádicos y breves. Porque, y aquí va una confesión de mi parte, me gusta el sexo anal. Pero, a diferencia de otras posturas, cuando me entrego de esa forma a un hombre es porque siento algo por él. Así de simple.

Pero así es mi vida. Ocupada, rápida y con amores pasajeros. Por todo eso, debo decir con cierta nostalgia e impotencia que el Sexo Anal es un lujo que, simplemente, no puedo darme. Pero si las cosas cambian en mi vida y en este ítem, tengan claro que lo incluiré en el rico debate que están armando acá en Belelú.