Keiko Fujimori: a la sombra de su padre

La sombra de un ídolo: su padre

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Dicen que lo que se hereda no se hurta, que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer,  y que siempre buscaremos la aprobación de nuestros padres. Con 35 años de edad, Keiko Fujimori, hija del controvertido Alberto Fujimori, ex presidente de Perú que gobernó el país vecino entre 1990 y 2000, ha postulado a la presidencia de la nación.

Dije que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, no precisamente porque considere que Alberto Fujimori haya sido un gran hombre, -ya que se encuentra preso por corrupción, crímenes de derechos humanos y otras vainas- sino porque no se puede deconocer que en su momento fue un hombre muy importante que logró desarticular uno de los movimientos terroristas que más tuvo complicados a los peruanos y a sus turistas.

Keiko se educó en Perú, Nueva York y Boston; se casó con un norteamericano y entre medio regresó a Perú para convertirse en la Primera Dama tras la separación de sus padres. La joven cuyos estudios pueden haber sido pagados nada menos que con los turbios fondos que obtenía su padre, quiere persuadir la carrera política de éste, refiriéndose a las obras de su progenitor como algo que hubieran hecho juntos.

En este caso, vemos como la sombra del padre opaca en gran medida  a esta mujer; su cariño y confianza no tienen límites: no sé si ella opina que su padre haya errado o no; pero el caso es que no tiene miedo a enfrentar los mismos problemas y en el mismo escenario. Hay una admiración profunda a toda costa y me pregunto si la gente no se da cuenta de que por mucho que esté en la cárcel, de todas maneras es capaz de influenciar a su hija en las desiciones que tomaría ella como presidente. Y aunque no mande instrucciones desde la cárcel, yo jamás confiaría en alguien educado por un hombre así. No es que la gente sea culpable de los hechos de sus padres, pero de todas maneras el proceder de un hombre puede dar bastantes luces de la forma en que educó a sus hijos.