Cigarros sueltos en el primer mundo

Incluso en Nueva York

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Daniel Barry for The New York Times

En esos años mozos, se vendían cigarros en todos lados. En esos años mozos, se fumaba en todos lados. En los autos, en los dormitorios, en la cama, en la calle, en el mall, en las discotheques, pubs, restaurantes, cafés, fuentes de soda, bares, supermercados y estacionamientos. ¿Se acuerdan cuando los buses y los aviones venían con cenicero? ¿Se acuerdan que el kioskero no sólo le vendía cigarros a los escolares sino que también se lo encendía amablemente? ¿Acaso ninguno de ustedes le fue a comprar cigarros a su papá?

La película “El discurso del rey” muestra cómo un médico le aconseja a Jorge VI fumar para relajar la garganta y vencer la tartamudez que lo aquejaba. Muchos médicos trabajaban para tabacaleras para decir lo bien que hacía fumar. (Ver película: Gracias por fumar). Fumar era lo más cool que podías hacer.

Luego de bastantes años de millones de dólares gastados en salud, de millones de muertos por enfermedades asociadas al tabaco y por varios miles de personas que hablan a través de un tubo y tienen un agujero en el cuello, miles de incendios y guaguas quemadas, o que nacían con bajo peso, las cosas han cambiado.

Al menos en nuestro país, se ha prohibido la venta de cigarrillos a menores de edad y antes de eso se había determinado que la venta de cigarrillos sólo podía hacerse a 100 metros o algo del recinto escolar. Por eso el kiosko que estaba afuera de mi colegio no vendía puchos pero sí el de al frente. Sólo un semáforo separaba a los alumnos de sus vicios.

Dos puchos por $100 hace ratito que no se ven por los kioskos, uno porque han subido de precio y otro porque su venta individual ha sido prohibida, al igual como cualquier cosa fuera de su empaque original.

Y con el aumento sostenido de los impuestos al cigarrillo, la venta de cigarros sueltos en lugares mucho más glamorosos del mundo ha generado este personajillo que nos muestra el NYT. “Loonie Loosie” Su apodo viene del inglés loose (suelto) ya que Loonie Warner (su verdadero nombre) vende cigarros sueltos, gritando “Newports Newports, packs and loosies” (Newports Newports, cajetillas y sueltos).

Se abastece de contrabandistas y nunca lleva demasiados cartones de cigarrillos en su mochila, ya que si lo arrestan, pierde toda la mercadería. Y es que lo arrestan seguido. “Los policías me llaman Pez, porque soy fácil de atrapar”. (Loonie ha sido atrapado 15 veces en los 4 años que lleva vendiendo puchitos) Y en las apariciones de la corte, ha generado una impresión favorable a los jueces, quienes prefieren dejarlo irse, porque les cae mejor que muchos “tipos malos”. Y es que Loonie tiene un aspecto adorable y nadie pareciera enojarse con él.

El señor Warner dice que ahora que los impuestos han subido (Y que una cajetilla de cigarros puede llegar a costar $12 dólares, algo más de $5.000 pesos) ha vendido 10 veces más. Y no sólo a personas de aspecto pobre, no. “Incluso la gente elegante de las oficinas me compra” Le ha ido tan bien, que está pensando en adquirir un seguro médico por primera vez en su vida. Y algunos de los que  le compran también son nicotinómanos que aseguran que ese es el último día que fumarán. Loonie también hace prevención contra el tabaquismo “Le digo a las chicas lindas que no fumen”

Loonie asegura que gracias a él, la cuadra se ha vuelto más segura; porque no permite la venta de drogas en ella. Es como una especie de gobernador de la calle.

Ahora, no es que esté en este “trabajo” porque quiera. Warner, luego de salir de la cárcel tras una condena de 13 años, intentó buscar un trabajo de verdad, pero no hubo caso por sus antecedentes penales . “Siento haber caído en esto, pero es en lo que caí” argumenta. Dice que le gustaría trabajar como reclutador de turistas para los buses de turismo.