Cómo salir viva de Santiago y su colapso post vacaciones

Después de dos meses de tranquilidad esta semana vuelven TODOS a la capital. Sobrevivir a ellos es solo una cuestión de actitud.

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Debo decir que amo Santiago y que siempre que salgo de viaje fuera de él la gente me dice que como me puede gustar tanto si es un asco, lleno de smog, gente, tráfico, violencia, delincuencia y quizás cuántos más vicios propios de una metrópolis.

Este año por primera vez en mi vida pasé unas semanas de febrero en mi Santiago querido y realmente era perfecto. Bajó tanto el número de personas en la ciudad que a la hora que quisiera, incluso la peak me podía subir al metro y leyendo el diario con los brazos abiertos sin que nadie me lo arrugara. Se respiraba sinceramente otro aire. El número de autos en las calles era proporcional al espacio asfaltado, la gente no tocaba las bocinas, todos estaban tranquilos sin necesidad de trenzare a empujones e insultos porque había un espacio para todos.

Pero hoy todo cambió, esta mañana un viaje en locomoción colectiva me hizo dar cuenta de lo terriblemente enferma que está nuestra ciudad, o sea por algo hay tantas farmacias -una en cada esquina, ¿no es ridículo?- sentí que la hostilidad volvió a subir sus niveles, pareciera que la gente no logró descansar mucho en sus vacaciones y eso que al parecer aún quedan muchos fuera que volverán a mediados de esta semana o la próxima. Ahí si que las cosas se verán negras.

Después de una corta estadía en la Isla de Chiloé, me pareció normal vivir con silencio creyendo que el sonido de las aves y el viento era pan de cada día, pero hoy entendí que estamos devorando nuestra ciudad, haciéndola insufrible, insoportable y apestosa. Ese es el problema, somos nosotros mismos quienes destruimos nuestros propios espacios con esa actitud prepotente, imprudente e irrespetuosa. Chicos no es sano, o contribuyamos con esta estupidez, seamos un aporte en las calles.

Este jueves miles de niños vuelven a clases y con ellos sus padres, tíos, abuelos, amigos y primos a la ciudad, sería bueno que con la llegada de la multitud nos planteemos una nueva forma de ver las cosas y de contribuir a la buena onda. Como dice Fito: Es solo una cuestión de actitud.