Volver al trabajo no es tan terrible

La depresión postvacacional no existe, todo es un asunto de expectativas laborales o cumplidas.

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Después de 21 días de vacaciones finalmente llegó el momento de terminar con el sueño de una vida de ocio y volver a la realidad llena de cuentas por pagar, horarios que cumplir, informes que entregar y cientos de responsabilidades las cuales pensaba que en realidad no eran lo que quería para mi vida, sino un estilo más silencioso lleno de sonidos de la naturaleza en vez de bocinas de autos y empujones de los animales que toman el metro.

Pero luego de una semana en mi casa viendo películas, visitando a los amigos, tomando unas cuantas piscolas y varios cigarrillos en el cenicero me dí cuenta que me sentía prácticamente inservible, que no estaba aportando nada productivo a mi vida. Y es que quizás soy una trabajólica -aunque no creo- o es que no va conmigo eso de se dueña de casa adicta a las comedias venezolanas y brasileñas. Conozco varias mujeres que se pasan el día haciendo prácticamente nada y no puedo comprender cómo pueden pasar sus días en eso. Por último consigue un Fosis y comenzar una actividad como microempresaria o fabrica empanadas y véndelas, no se algo. Me llama la atención que en pleno siglo XXI haya aún mujeres jóvenes que prefieren estar todo el día en casa en vez de trabajar y aportar con ingresos al hogar. Si tienen hijos lo comprendo totalmente, pero hay varias que ni mascota cuidan, entonces no le veo la motivación para internarse en tareas domésticas solamente.

En realidad les tengo un poco de envidia y pienso que a veces sería rico no trabajar, pero en realidad no puedo vivir sin mis desafíos laborales y mucho menos sin actividad, soy una hiperquinética épica. Y por eso cuando aún me faltaban cuatro o cinco días para volver al trabajo comencé a desesperarme y revisé algunos pendientes, leí miles de mails apiñados en mi casilla e incluso entré a Facebook sitio que me negué a visitar mientras estaba de vacaciones -punto importante es que no lo uso sólo para hablar de mis venturas sino también para trabajar, por eso no quería logearme-.

Hoy por fin estoy de vuelta en mi querido Belelú y me siento muy feliz de poder desarrollar mis ideas. Cuando entré ayer a la oficina mis compañeros me recibieron con un gran brazo que me confirma lo importante que soy para ellos como ellos son para mí, al fin y al cabo uno se pasa casi todo el día con los colegas.

Amo mi trabajo, soy feliz en él y aunque muchos ya estén hablando de la depresión post vacaciones producto de la vuelta al estrés y las agotadoras jornadas laborales, a mi eso no me pasa. Entiendo, que muchas personas deben trabajar en labores que en realidad no les gustan y volver al trabajo significa todo un quiebre emocional. Según los expertos no existe la depresión postvacacional ya que esto es sólo un importante nivel de insatisfacción en las expectativas de nuestras vidas y que se arrastran d antes de las vacaciones.

Al final lo que ellos mismo recomiendan es tener un pensamiento positivo que nos permita volver tranquilos a las labores, además de valorar el tener trabajo en la compleja situación que nos encontramos en la actualidad, especialmente lo difícil que se ha convertido encontrar un puesto siendo profesional por la multitud de graduados en busca del mismo lugar. Según la experta en psicología clínica española, Elena Borges: “Se debe entender que el trabajo nos ennoblece, nos aporta sentido de identidad y nos hace sentirnos útiles”. Toda la razón.