Hoja de mi vida amorosa

Fernanda Figueroa abre su corazón ¿y ustedes?

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Como cualquier persona adulta, puedo mirar hacia atrás y ver con otros ojos todas mis relaciones de pareja, desde las más infantiles, hasta las más tormentosas y apasionadas. Todas ellas contribuyeron en la persona que soy hoy en día, aprendí de mis errores, aprendí de los errores del otro. Sin embargo, en el amor, uno siempre es indefenso y aventurero.

Debuté como polola bien chica. Las primeras “relaciones” que tuve me hicieron sentir manipuladora, fría, incapaz de engancharme. Me sentía mala por dentro, me aburría fácilmente. Todo esto cambió cuando viví mi primera desilusión amorosa. Me di cuenta de que era humana y que podía sentir que me moría por dentro. Lloré todas las noches por un buen tiempo, escribí 20 poemas de amor y aún más canciones desesperadas (no hay nada mejor para escribir que un corazón roto). Viví la tormenta y fue el primer período en que me encontraba soltera. Me gustó, ya no me acordaba como se sentía.

Caí rápidamente en otra relación que me hizo crecer a la fuerza. Conocí las peleas fuertes, los gritos. Conocí la rabia en los ojos de otra persona. Conocí los celos enfermizos. Me sentí atrapada por mucho tiempo, sentí miedo de terminar. Aprendí a mentir y a ocultar mi vida fuera del pololeo. Y también a mentirle al resto, a esconder la cara y mirar al suelo para que no vieran mis ojos vidriosos. Cuando por fin todo terminó, me sentí tonta por haber aguantado tanto, por haber permitido tanto daño. Ahora ya no me culpo, las cosas pasan frente a uno cuando no estás preparado, pero créanme, con esa piedra no volveré a tropezar jamás.

En ese momento no lo hubiera creído, pero ha sido una de las experiencias que más me ha enseñado en la vida. Me hice mucho más fuerte, me di cuenta que habían temas intransables, inaceptables para mí. La desconfianza, la falta de respeto, y las pelotudeces de una persona inmadura ahora son automáticamente motivo suficiente para decir Next.

Tuve relaciones que me bajaron el autoestima (no hay nada peor que tu pololo te diga, dulcemente, gorda) pero tuve otra importantísima que me hizo quererme y creerme el cuento como nadie. A él le agradeceré eternamente este regalo.

Y bueno, ahora que se acerca esta fecha en que obligadamente pensamos más en el tema, pues me encuentro feliz, contenta, completa, enamorada como quinceañera pero conciente como adulta. Me encontré en otra persona, amándola por sus virtudes, y seudo aceptando sus defectos, y reencantándome todos los días y viviendo cada hora como un momento desconocido y nuevo.

Al final del día, mi relación más larga, y la más importante, ha sido conmigo misma. Y he aprendido a cuidarla. Nunca hay que perderse ni dejarse estar. Nunca hay que entregar todo, hay que dejar un poquito para uno también. Espero que a todos, solteros, casados, viudos, separados, y “es complicado”, tengan un lindo 14 de febrero. Y los invito a hacer un repaso de sus vidas amorosas, y al estilo de la Carola Brethauer, ponerle nota al prontuario, trabajar en nuestros puntos débiles y por sobre todo, ¡creernos el cuento!