He decidido caminar lento

Una buena forma de bajarse del mundo por un rato

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¿Por qué caminas rápido? Me preguntó el Turrón, mi primo. -“No sé”- respondí.
Ese día íbamos saliendo del metro camino a mi casa a comer, pero no teníamos que estar allí a ninguna hora en particular. Entonces me di cuenta de que caminaba rápido simplemente porque sí, sin pensarlo demasiado, como uno suele hacer la mayoría de las cosas que hace.

Por eso, decidí hacer el experimento de caminar lento y descubrir qué ocurría.

-No me atraso más que siempre.
Pensaba que caminando rápido llegaba más puntualmente a mis citas y obligaciones. Pero la verdad es que, a menos que estuviese en Europa -donde los trenes parten religiosamente a tiempo-,  no gano nada con caminar rápido, porque aquí en Chile nunca nadie llega a tiempo a sus cosas. Por lo mismo, si me voy a juntar con alguien a las 16:30 y voy 17 minutos atrasada, un diferencial de dos minutos -producto de caminar un poco más rápido- carece de toda relevancia.

– Mi presentación personal se ha dignificado
A donde sea que llegue, ya no lo hago transpirada y aceleradísima, con la cara roja y sin aliento, y con más de algún ítem perdido u olvidado por ahí.

– Dejé de estrellarme contra los demás caminantes  (o contra otros objetos)
Lo que pasa es que ahora que camino lento me doy cuenta que los otros caminantes van tan apurados que me esquivan a mí y terminan chocando entre ellos. Además, reduje considerablemente mis encuentros cercanos con postes, carteles, señales de tránsito y las tachas, esos cilindros de metal u hormigón que emergen del suelo y que sirven para que los automóviles no transiten en un área determinada. Pasa que me llegan justo a la pantorrilla. Y eso duele.

-Veo las caras de las personas (y ellos me ven a mí)
El semblante de los caminantes rápidos es más o menos similar. Y si me pidieran definirlo, diría que tienen cara de velocidad. Pero no es una velocidad adrenalínica liberadora de endorfinas, es más bien una mezcla entre apuro y atarantamiento, que como dice el zancudo del comercial de Raid, “No conduce a nada”. Cuando caminas lento, muchas personas ni siquiera notan que les estás mirando. Sin embargo, hay un número importante de gente que te mira de vuelta, sorprendida por tu lentitud.

– Descubrí que todo se ve diferente.
La gente, la calle, las vitrinas, los grafitis en las paredes… ¡Todo se ve diferente! Y una descubre cosas nuevas en sus recorridos habituales. De esta forma, encontré una entrada lateral al centro dental de cerca de casa. Descubrí una tienda de ropa usada donde compré un vestido que me salió más barato que dos pasajes de metro. Supe que en mi barrio se pierden muchos perros, la mayoría de raza Beagle y Poodle. Me di cuenta que el poste a la salida de mi casa una semana es de la Universidad de Chile, la semana siguiente de la Universidad Católica y la siguiente del Colo Colo; y que los hinchas de esos equipos -cada vez que pasan- la repintan encima y de paso sacan los carteles de perros perdidos.

En fin, descubrí que caminar lento es un modo de bajarse del mundo por un rato.

Y ustedes… ¿Qué han descubierto cuando caminan lento?