We can do it!

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(cc) calina-and.blogspot.com

La imaginería y educación que recibimos desde niñas es tan marcadora, que parece que a pesar de nuestra envidiable corteza cerebral, imaginación, capacidad de proyección, organización, planificación, consecución de objetivos; además de intuición y no importa cuántos títulos, grados y post grados se posea, nos termina afectando psicológicamente.

Entendemos, que, cuando a nosotras para un cumpleaños nos regalaron una muñeca y su correspondiente cochecito, un set para hacer collares de mostacilla, un lindo cuento de hadas, un juego de tacitas de té o una cajita de primeros auxilios y un gorrito de enfermera más la promesa de una cocinita con accesorios…y a nuestro hermano un envidiable, súper mega entretenido microscopio -para analizar las costras de las rodillas por ejemplo-. no fue por mala onda. Simplemente, estaban formándonos en un constructo social para nuestro propio beneficio: el ideal femenino de los tiempos de la Doris Day! Para no decir los de Maricastaña, la Poppins o la Novicia Rebelde.

Nos estaban entrenando para un futuro glorioso. La versión latina del engañoso “We can do it!”, el lema estadounidense de la Segunda Guerra Mundial con el que se llamó a las mujeres a trabajar a las fábricas para sostener la industria mientras los hombres estaban en el frente. Claro que, adivinen!!! Yes! pagándoles mucho menos y sólo hasta que los bombones volvieran.

O sea, nos estaban inculcando desde el comienzo la multiplicidad de roles con toda la parafernalia incluida. Es decir, sueldos discrecionales, o derechamente sin el goce de ellos, y ni hablar del reconocimiento a las horas extras o licencia por enfermedad.

Todo para que podamos decir que nosotras somos capaces de hacer varias cosas al mismo tiempo. Lo más increíble de todo esto es que -a pesar de conocer la historia, la nuestra y la universal,  y saber de dónde partió la cosa- algunas mujeres de verdad lo repiten a la menor provocación, como un As bajo la manga. Y lo peor, trabajan en consecuencia, doble, triple jornada. En la casa, la oficina, taller, fuera de él, en los alrededores…colegios, supermercado, buscando maestros -rehaciendo lo que los perlas hicieron- costureando, cocinando y recibiendo como pro; haciendo coaching ontológico, de chofer, médico de urgencias…la lista es interminable.

Es por eso es que nuestras carteras pesan una tonelada, y tienen de todo en ella; hasta una muestra del repuesto famoso que falta no sé dónde…pero que nadie más va a darse el trabajo de buscar.

Es por eso que como denotan algunos sesudos estudios, la carrera musical, literaria, visual o empresarial de una mujer tiene menos “hits” dentro de ella, que la de un hombre. No los entrenaron desde pequeños para hacer más de una cosa al mismo tiempo.

Probablemente aprendieron viendo que sus padres después de la pega, podían sentarse a leer el diario, una novela, o ver el partido en la televisión, sin tener que, como sus madres, -la mía una de ellas- preparar una clase o revisar una planificación mientras cocinaban algo a la cacerola, ponían un parche curita, escuchaban una disertación,  cambiaban la goma en la llave del lavamanos, chequeaban listas de materiales, organizaban los puntos de una reunión por teléfono, inventaban de la nada un postre, levantaba el ánimo, ponían pijamas, cancelaban un permiso, y dejaban listo el  desayuno; la tenida propia y la de los demás para el día siguiente. Todo como parte del encanto de tenerlo todo…trabajar, vivir en familia, pareja y sociedad.

Psicológicamente hemos aceptado este lavado de cerebro que lleva siglos inculcándose. Pensando que somos increíbles por estar manteniendo una monada de  sistema patriarcal, en que es posible que el aspirante a macho alfa se siente cómodamente a hacer lo suyo sin distracciones “porque no es capaz de hacer más de una cosa al mismo tiempo”.  Y que le sea fácil encontrar una compañera que entienda y apoye esta incapacidad “histórica” construida con arte y desparpajo. Definitivamente creo que es hora de cambiar el switch local. Por ejemplo, brasileños, noruegos, daneses y fineses  declaran con orgullo que son muy capaces de hacer varias cosas a la vez. Es sólo “buena” crianza y una campaña publicitaria; como la que nos han estado vendiendo tanto tiempo.