A las mujeres hay que quererlas, no entenderlas

Tenemos nuestras mañas y somos bastante complejas, pero ojo porque los hombres tampoco son tan simples

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Hay muchos hombres que dicen que las minas somos cuáticas. Que nos gusta el show y andar llorando. Que todo lo queremos hablar, que somos peladoras, que hinchamos las pelotas, que nos complicamos hasta con la comida. Que somos indecisas e inseguras, que nos gusta gastar plata y que cambiamos de genio a cada rato. Es cierto que tenemos nuestras mañas, pero al fin y al cabo, los chicos nos aman.

Por mi parte, debo decir que soy sensible y llorona. De esas minas que llora con una buena película de drama hasta con un perrito herido en la calle. De las que derrama lágrimas cuando hay despedidas-aunque sea cuando me devuelvo de la playa- y de esas que se emociona cuando abraza a su abuelo. Por supuesto que trato de evitarlo cuando estoy con un mino, sobre todo si salgo con él por primera vez, ya que sería una vergüenza que me viera llorar porque hay un cachorro con hambre en la calle. Patético. Lo peor de ser lloronas es cuando una se pelea con el pololo por algo importante. En mi caso, cuando se me sale indio, tengo que luchar por no llorar porque la rabia me provoca eso y como no le puedo pegar al tonto que está al frente que de seguro alguna embarrada se mandó, me da pena y empiezo a sentir como se me nubla la vista hasta que la lágrima cae por mi cara y ya todo lo que hablé se fue a la cresta. Es lo peor ser llorona.

Es cierto que nada lo dejamos pasar, que todo queremos conversarlo, que nada es sutil y que todo lo que nos dicen tiene una segunda interpretación. ¿Pero acaso prefieren que andemos con cara de brujas todo el día?, obvio que no. Para nosotras es importante aclarar lo que nos molesta y no necesariamente armar un problema, pero por supuesto que para los hombres eso es una real lata y somos cuáticas. Una vez un pololo me dijo “¿a ti no te gusta estar como callada a veces?”, puede que de repente se nos pase la mano, pero es mejor afuera que adentro, por lo menos en este caso.

Somos de las que nos ponemos lindo vestido para salir, pero que cuando estamos a punto de subirnos al auto, nos arrepentimos y nos cambiamos de ropa. Nos miramos mil veces al espejo y nos encrespamos las pestañas hasta para ir a comprar el pan. Es cierto, amamos ser coquetas y que hasta el señor del diario nos eche el ojo, ese es el fin.  Además, no sé por qué los hombres alegan tanto que nos demoremos en producirnos, si al final les gusta que nos veamos ricas y que los demás machos también nos miren con cara de “te quiero desvestir”.

A las minas nos encanta pelar. Es un excelente panorama juntarse entre mujeres a hablar de hombres y discutir de, por ejemplo, bueno o malo que es en la cama. También, comentamos lo mal que se ve la mina nueva de la pega con su estilo de vestir y de la mala mano que tiene el pololo de una de nuestras amigas, pues ella está cada vez más desaliñada. Pero nosotras lo reconocemos, ya que los hombres son secos para chaquetear a sus amigos y no se dan cuenta. Y cuando se juntan, aparte de jugar play, tomar chelas o ver videos de youtube, hablan de la última mina que se agarraron.

Por eso el título de este artículo es un dicho muy sabio. Hay que querernos, no entendernos. Las minas tenemos nuestras mañas, tal cual como los hombres, pero nosotras los aguantamos. ¿Quién les dice algo cuando la idiotez los invade por el sueño o el hambre? ¿Quién les alega por lo horribles que se ven cuando les pica una parte incómoda? ¿Quién les reclama su cara de ogro porque el tipo de adelante maneja lento? ¿Quién les dice algo por la cara larga después de comprarse algo caro? Además, hay que decir que son bien complicados para comprarse ropa, no es solo una cosa de nosotras. Los hombres también son seres muy especiales y bien complicados, pero al final, ellos nos adoran y nosotras a ellos también.