Viajar solo a veces resulta más que extraño para un chileno

No están acostumbrados a los viajes de a uno.

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(cc) Flickr.com/midnights garden

Me ha tocado viajar sola muchas veces por estudio, por seminarios e incluso por placer y siempre me he sentido bien haciéndolo. Es cierto que aburre un poco, pero si estás en el lugar correcto y con gente en similares condiciones que tú, puede ser el mejor viaje de tu vida. Lamentablemente en el único lugar que me he sentido más “fuera de foco” viajando sin compañía es en Chile.

Me gusta viajar en solitario porque tengo mis propios horarios, visito los sitios que yo quiero, no dependo de nadie, como lo que me gusta, si quiero estoy todo el día en la plaza del lugar leyendo o subiendo cerros o lo que sea, sin la presión ni la imposición de nadie. No digo que viajar en grupo sea una lata, para nada. A veces la compañía es lo mejor del viaje porque puedes compartir después con alguien tus experiencias y definitivamente en grupo te ríes más.

Cuando estás de viaje solo por el mundo es fijo que te topas con alguien que está en la misma situación que tú en el tren o en el bus en que viajes, se van conversando en el camino, se despiden y en el próximo tren te lo vuelves a topar cuando los itinerarios son similares. Y hasta puedes encontrar el amor: conozco a un matrimonio que se conoció en un tren cuando ambos viajan en solitario a una ciudad de Italia. Decidieron hacer parte del viaje juntos y luego se despidieron, pero él ya estaba enamorado así que siguió a la mujer hasta su casa y le pidió que desde ese momento viajaran juntos y para siempre. Romántico ¿ah?

Pero en Chile no ves mucho de eso, a menos que sean gringos o europeos en viaje por América Latina, sino no. Me tocó una vez hacer hora en Arica durante mucho rato, fue casi un día completo. Venía en viaje desde Perú y necesitaba llegar a Calama, pero los buses salían a las nueve de la noche y yo había llegado al terminal a las 10 de la mañana. Como no conocía Arica quise recorrer un poco. Pregunté por varios circuitos turísticos y en todos me preguntaban para cuántas personas, cuando decía solo una me miraban con ojos grandes y extrañados.

Al final tomé un taxi que hacía las veces de guía turístico que me llevó al morro para ver el valle de Azapa desde lo alto. Me preguntó durante todo el caminó por qué estaba sola e incluso se ofreció a hacer el recorrido del morro caminando conmigo para que no me sintiera sola, a mi no me molestaba, al que le incomodaba la situación era a él entonces para no complicarle más la existencia al pobre hombre le dije que bueno. Caminamos un buen rato, conversamos, me contó la historia del lugar y luego me bajó hasta el centro.

Me dio todas las especificaciones del sitio: dónde podía ir, qué podía comer, qué lugares eran los más bonitos, etc. Hasta me regaló los mapas que él tenía en el taxi para que no me perdiera, como si el centro de Arica fuera muy grande, le faltó poco para decirme que no hablara con extraños. Se sintió realmente incómodo con mi soledad, pero yo seguí con mi recorrido. Llegó un punto en que ya no había nada más que ver así que entré al cine y compré solo una entrada y con eso llegaron otros ojos grandes como diciendo “¡¿sola?!”. Vi la película y decidí que era hora de almorzar.

Llegué al restaurante y otra vez aparecieron los ojos grandes y la expresión de “pobre niña”. “¿Mesa para cuántos?”, fue lo primero que me preguntaron y con mi respuesta me dijeron “¿cómo, estás sola?”… Los dueños del lugar me miraban desde la barra como queriendo acercarse a conversar y yo la verdad es que me sentía de lo más bien. Seguían siendo los lugareños los extrañados con mi viaje en solitario.

Era tanta la sorpresa de la gente cuando les decía que estaba sola que me aburrí y volví al terminal de buses a esperar mi bus, ahí al menos la soledad pasaría un poco más desapercibida porque viajar solo en bus es más corriente, pero me equivoqué. Los grupos de chilenos, bolivianos y peruanos que esperaban el bus me miraban con los mismos ojos grandes mientras yo leía una revista tras otras en las eternas horas de espera sentada en la única silla del lugar que no tenía otra silla pegada a ella mediante soldadura.

Ese quizá fue mi error, elegir la única silla que no tenía acompañante.