Vivir solo II: Las vacaciones

¿Qué hacer para que las plantas no se sequen?

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(cc) Flickr.com/pablovenegas

Les conté hace un tiempo que empezaría a vivir sola y que muchos me daban consejos para sobrevivir en el intento (no es para nada terrible), por ejemplo, qué hacer con el cerro de loza sucia. Esta semana me dieron más tips, esta vez tenían relación con las vacaciones y las infinitas aristas que hay que cuidar antes de salir y dejar la casa sola.

Las aristas a las que me refiero tienen relación con la seguridad, las mascotas, la basura, las plantas, las cuentas, el refrigerador… Como el tema da para tanto, lo voy a dividir en más notas y hoy solo les voy a hablar de las plantas.

Si viven en un las pueden dejar encargadas al conserje, pero debe ser de inmediato cuando saben la fecha de sus vacaciones porque si esperan unos días cuando lleguen al hall de entrada se darán cuenta que a penas le ven la cara al pobre tipo en medio de esa selva que le fabricaron los otros inquilinos. En ese momento el conserje, que tiene una hoja de ficus bloqueando uno de sus fosas nasales, les dice que ya no da más de gomeros y chefleras y que tendrán que encargárselas a alguien más porque él ha dejado de abrir la puerta por regar plantas.

Y es en ese momento es cuando recurren a la mamá y le preguntan con voz dulce e inocente “mami, ¿qué hago con las plantas?” esperando por respuesta un “no te preocupes, yo te las voy a regar”. Pero qué inocentes que somos, esa frase no la dirán nunca, menos en período de vacaciones cuando ellas están en medio de onces con amigas, juegos de cartas, salidas con el marido… Así que lo único que recibimos por respuesta es: “mételas en la tina con agua”.

Y como es mamá, le hacemos caso y metemos todos los maceteros a la tina con el agua hasta el cuello, incluso esos de greda. Volvemos de nuestros días libres y en la tina parece que hubo un asesinato: el macetero de greda está totalmente desecho, hay barro por todas partes, las plantas flotan en un agua más turbia que nada, la tina está tapada… Mal, muy mal. Entonces al año siguiente la llamamos de nuevo a mamá y le decimos que lo de la tina no funcionó y entonces le pedimos de nuevo que las vaya a cuidar ella. Pero otra vez nos damos con la puerta en la cara con su respuesta: “no, no puedo ir. Pero es muy fácil, llena una botella grande de agua, la cierras y les haces un hoyo en la tapa para que el agua salga de a poco, la das vuelta y la entierra en la tierra del macetero”.

Todo bien, dejas botellas por todas partes, esperando que a tu vuelta estén vacías y tus plantas relucientes, cierras la puerta y empiezan tus días libres. A tu regreso ves tus plantas moribundas y las botellas llenas. Llamas a tu mamá indignada por su pésimo consejo y te dice “uy, qué raro. ¿Le hiciste el hoyo en la parte superior?” y dices “sí, en la tapa” a lo que tu madre contesta “no, en la parte superior para que entre aire y pueda salir el agua por el orificio de la tapa” y entonces le cortas más indignada todavía porque no te dijo y por lo tonta que fuiste al no pensar en eso.

Al año siguiente no llamas a tu mamá y simplemente le pides a una amiga, al compañero de la oficina buena onda que te tiene ganas o a la nana de alguien que por favor te vaya a regar las plantas. A tu amiga le da lata y entonces te da una excusa; el tipo de la oficina se muere por saber dónde vives, pero también estará de vacaciones y la nana encantada va. Llegas de tu descanso y encuentras las plantas relucientes, dices “qué bien, le próximo año la llamo de nuevo”, pero te callas a media frase cuando te das cuenta que ocupó tu parrilla para hacer un asado. Solo te queda reír, al parecer no existe la solución perfecta con las plantas.