Yo me defiendo sola

A Tootsie aún la piropean… y le gusta.

He quedado sorprendida, pero para mal, con una noticia que vi anoche en la televisión acerca de una iniciativa que idearon los brillantes de la Cámara Chilena de la Construcción y que apunta a terminar con los piropos que los obreros de la construcción suelen propinarle a las damas que transitan por las zonas aledañas a sus obras.  Más encima, esta cosa cuenta con el respaldo del Ministerio de Vivienda y su mandamás, esa señora de apellido Matte.

¿Pero qué se han creído?, ¿O es que acaso creen que las mujeres necesitamos de un guardián que nos defienda de un par de giles con casco naranjo buenos para la talla? Además, ¿No tiene el Estado preocupaciones más importantes?

Esto es puro circo. Sería bueno que nos preguntaran mejor a nosotras si necesitamos alguna ayuda. Lo que es yo, no me hago problemas. Porque aunque ya no me cuezo al primer hervor, igual tiro mi petardo. De hecho tengo un par de piernas que –cuando ando bien depilada- me piropean de lo lindo en una construcción vecina a mi trabajo.

Y claro, si la talla es amorosa, una la agradece con una sonrisa sutil o hasta con una levantada de ceja y una mirada al hombrón que la ideó. Ahora, si los tontos se ponen groseros yo no dudo en detenerme y desplegar todo mi rosario aprendido en colegio de monjas contra estos bellacos. Así de simple. Incluso más, recuerdo una vez que unos roteques de una construcción me insultaron (de brutos que eran) queriendo piropearme, como estaban cobardemente encaramados en una grúa muy alta, no me quedó otra que hablar con el capataz de la obra para que los bajara de ahí y los pusiera en frente mío. Ni les cuento cómo los subí y bajé hasta que se pusieron colorados y me pidieron disculpas.

Claro, seguramente habrán algunas tontas lesas que no son capaces de defenderse solas y agradecerán esta barrabasada que se le ha ocurrido a esta tropa de ociosos. Allá ellas, pero después no anden reclamando porque nos siguen catalogando como el sexo débil y todas esas tonteras. Porque al final, en la calle, muchas veces una recibe lo que merece. En otras palabras, si uno no se pone firme y camina con desplante, está sonada. Así nomás es la cosa.

Señores constructores y señora Ministra: Yo no necesito ayuda, dejen eso para las tontonas débiles. Yo me arremango las mangas y aclaro la garganta, y así me las encacho con cualquier perico con un casco en la cabeza y un martillo colgando en la cintura. Mal que mal, las arrugas, las canas y mis ataques no me los han regalado; son fruto de años de experiencia. Ya lo saben, no se metan conmigo.