Cuñadas, un mal inevitable

Las peores son las que te sonríen de frente pero te das la vuelta y te descueran.

A los 15 años viví mi primer pololeo formal, ese en el que almuerzas con tus suegros el día domingo y mientras todos hablan tú apenas te atreves a pedir la sal por miedo a quedar mal. Quizás no todos son tan tímidos, pero el terror de caerle pésimo a la familia de tu noviecillo de pacotilla atormenta y esto es lo que generalmente me ha pasado, no con mis suegros sino con mis cuñadas.

Las he tenido de todos los tipos, como la buena onda que te cuenta cada movimiento de su hermano y está dispuesta a llamarte al celular si se entera que te engañó y para eso son profesionales, pues son las que dan siempre malas noticias. ¿Por qué? Porque así te tienen entre sus garras, te mantienen creyendo que son tus mejores amigas, que te protegen pero en realidad quieren lo mismo que todas las cuñadas; que termines con su hermanito. Entonces, te avisan de cada actitud extraña, de cada mujer con la que los ven conversando en la calle, porque quieren que desconfíes y te vuelvas loca pensando que tu amor te es infiel.

También las hay PERRAS de plano, esas no ocultan su ira por verte besar y abrazar a su hermanito (aunque ellas sean menores que él) y no tienen pelos en la lengua. A pesar de todo, las prefiero saben, porque estas PERRAS no te engañan ni te engatusan, te la tiran de golpe y de frente sin adornos. Son las que te miran feo el domingo mientras almuerzas en la casa de tu pareja, y si es que se dignan a sentarse en la mesa junto a ti. Sin embargo, una de estas PERRAS puede ser una verdadera amiga con el tiempo, porque no son cínicas, son tan PERRAS como uno.

Una de las peores cuñadas son las celestinas, esas que siempre le andan buscando polola al hermano, donde esté, con quién esté, toda la vida presentan al tipo como un ganador, el hombre perfecto, el que se las sabe todas. Pero ellas tienen claro que su hermanito no es más que un Don Juan y que no se enamorará de ninguna de ellas, entonces vienen y te lo recomiendan. Pasa el tiempo, y si tienes suerte, te darás cuenta que como te lo pintaron a ti también lo seguirán haciendo con otras mujeres y luego te ves en una relación de a tres o cuatro, todas creyendo que el weón es la muerte cuando en realidad es sólo una creación de su hermana maquiavélica, enferma, que pareciera que lo ama más como mujer que tú que eres su novia. Esas son asquerosas.

Otra que no se puede escapar es la hermana chica, que no supera los 10 años y es más celosa que todas las demás, cada vez que estas a punto de intimar con su hermano llega de improvisto, porque como es niña no golpea puertas y mucho menos pregunta si tiene autorización para entrar a la pieza donde ya no se puede más de calentura. Esa niña también se convierte en una molestia, siempre se quiere interponer entre tú y tu mino, grita, se te encarama, te pega con sus juguetes, quiere que le prestes más atención para que te alejes de su querido hermano mayor que la quiere tanto, la saca a jugar, se ríen juntos. Tú eres su rival y la pobre aún es una niña, pero siente envidia.

¿Qué pasa con las mujeres y sus hermanos? Pareciera que enloqueciéramos por los hijos de su madre. Yo no tengo uno, pero veo lo que ellos provocan en sus hermanas y me impacta. Claro que no puedo hablar mal de todas mis cuñadas, hasta el momento he tenido una sola a la cual siempre respetaré y que realmente se comportó como una amiga, pero la diferencia era que ella tenía una familia propia con esposo e hija, entonces me entendía y sabía que yo era lo mejor que le podía pasar a su hermano menor desaforado, fiestero, mujeriego y sumamente mamón.