Chile: El matrimonio homosexual en manos del Tribunal Constitucional

El presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH), comenta en Belelú este histórico hecho.

Movilh Chile

Inesperado y más que excelente resultó ser el acuerdo de la Corte de Apelaciones de Santiago que ha suspendido un recurso de protección a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo a la espera de que el Tribunal Constitucional (TC) se pronuncie.

Desde el punto de vista legal la tarea del TC es fácil. La Constitución garantiza claramente la igualdad ante la ley para todo chileno y chilena y lo que hacen el Código Civil y la Ley de Matrimonio es justamente contravenir este principio al negar los derechos que ahí consagra a un grupo de personas sólo en función de su orientación sexual o identidad de género.

Pero obvio, nada garantiza que el TC resuelva este tema de una manera fácil, aún cuando al hacerlo daría una señal al mundo de igualdad, de no discriminación y de respeto real e integral a la Constitución.

En tanto, el eventual rechazo a concluir que los artículos 102 del Código Civil y 80 de la Ley de Matrimonio son inconstitucionales, será una muestra nefasta de hasta dónde llega la homofobia: hasta violentar nuestra propia Carta Magna, lo que sin duda, será un escándalo mayúsculo a nivel internacional y, también nacional, si es que la censura informativa no se impone.

La resolución no será fácil no sólo porque el recurso de protección presentado por César y Hans, por Stephane y Jorge y por Víctor y Miguel carece de precedentes en la historia de Chile, sino porque también es más que esperable que los sectores más discriminadores del país se movilicen con fuerza, de manera pública o silenciosa, para boicotear cualquier avance y convertir a nuestro Estado en un ente que violenta su propia Carta Magna.

Las argumentaciones de los opositores serán las mismas de siempre: que el matrimonio es exclusivo entre un hombre y una mujer según la naturaleza; aunque la naturaleza nada ha dicho al respecto; que el matrimonio tiene por fin la procreación, lo que de ser cierto bien puede significar que los adultos mayores u otros sectores heterosexuales tampoco tendrían derecho a esta unión; o que la tradición e historia del país sólo acepta la unión entre personas de distinto sexo, aún cuando la aceptación progresiva hacia los no heterosexuales es un dato de realidad, según todas las encuestas. Ni hablar del pecado o la enfermedad que se achaca sin fundamentos a las orientaciones sexuales diversas.

Pero sea cuales sean las creencias y los argumentos para enfrentarlas, la verdad es que el TC no le corresponde dar cuenta de ello. Sólo le incumbe determinar si la prohibición al matrimonio homosexual es o no inconstitucional, estén o no de acuerdo sus integrantes con la unión entre personas del mismo sexo.

Un nuevo camino en la lucha para la igualdad legal se abre en Chile debido la valentía de tres parejas gays, a un sorprendente acuerdo de la Corte de Apelaciones y, por supuesto, gracias a las transformaciones sociales experimentadas por Chile en los últimos años. Es de esperar que el Tribunal Constitucional esté a la altura.

Como bien rezaba una campaña pública que lanzamos el primer semestre: “Porque tenemos principios, combatimos la discriminación. Estamos a la altura del Bicentenario”. Ojalá toda institución de nuestro país también lo esté.