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Una pasión Unisex

El fútbol no es sólo para ellos.

Desde que tengo uso de razón los hombres han dicho que el fútbol es sólo para ellos, pero eso no es así. De un tiempo a esta parte, el fútbol femenino ha tomado fuerza y cada año hay más y más equipos que entran a diferentes ligas que hay en la capital.

Desde hace casi tres años que juego en una liga de fútbol, en realidad futbolito, porque somos siete jugadoras por equipo. Les cuento que la cosa no es como un macho podría pensar. No somos 14 tontonas corriendo detrás de una pelota y gritando como las locas en medio de la cancha. No. En mi equipo tenemos un orden, somos aperradas y no alegamos porque se nos quiebra una uña. Yo soy defensa, la patrona de fundo, la rompe canillas o la Gary Medel como me dicen mis compañeras. Soy de de las que evita a toda costa que la pelota entre a nuestra red y aunque mis rodillas sean una vergüenza para cualquier vestido corto que tenga que ponerme para una gala o matrimonio, lo hago igual.

La liga se llama Mostras, se juega los sábados y este año no nos fue muy bien, pero tenemos varios triunfos a nuestro andar. Las Body Sister’s, como se llama mi equipo, consiguió el primer lugar en la liga touch el 2008 y en todas las participaciones de las ligas en las que hemos estado, nos hemos posicionado entre los tres mejores, jugando en la categoría más exigente. El sistema de competición es igual al que se hace en las ligas de hombres. Se divide por copas (oro, plata y bronce) y luego por grupos. Después, los equipos con mejores resultados pasan a play off y luego se hace la semi y la final. Nos entregan copas, medallas y bueno, los regalos de los auspiciadores son un poco femeninos. Nos regalan toallas higiénicas, chocolates, chicles, Vodka, etc.

Mi equipo se formó el 2008. Si me preguntan de dónde salió la idea, creo que fue de la capitana del equipo junto con otras más. Un día en el gimnasio, porque de ahí nos conocemos, se preguntó quién sabía o le gustaba jugar a la pelota. Muchas respondieron al llamado y nos juntamos a hacer una pichanga en unas canchas de cemento. De ahí algunas quedaron seleccionadas y se armó el cuento. En mi caso la pasión viene de familia. Mi tío abuelo, Mario Ortiz, fue un destacado jugador mediocampista de Colo-Colo por ocho temporadas, además fue seleccionado nacional y jugó el mundial de 1962. Mi abuelito paterno también se destacó en este deporte junto con mi tío y por supuesto mi papá. Este último fue muy destacado en la Unión Española y hasta hoy hay ocasiones en las que nos encontramos con amigos de él en la calle y me dicen “es que tu padre era increíble para la pelota”. Para mi papá es una chochería que a mí me guste el fútbol, ya que vemos partidos juntos, hemos ido al estadio y me enseña cosas que luego ocupo en mis enfrentamientos.

A los hombres les digo, nuestro uniforme no es rosado, no nos pintamos las uñas en los entretiempos y no vamos al baño a cada rato. Hay que decir que muchas veces sí nos preocupamos por vernos bien. Elegimos el short lo más corto posible, mandamos a hacer poleras entalladas y queremos que nuestro pelo quede perfectamente ordenado. Nos echamos crema en las piernas y hasta bloqueador solar en épocas donde el sol pega fuerte. También somos apasionadas, hacemos barridas- por lo menos yo- y si hay que empujar y pegarle a una contrincante, lo hacemos. Hay que decir, que las minas somos mucho más sucias para jugar que los hombres y en eso se ve la diferencia en años que llevamos jugando, sobre todo las defensas.

Finalmente, les digo que las futbolistas sí sabemos lo que es un corner, un tiro libre y un penal. Sí sabemos lo que es sentir esa alegría tan especial que te provoca un gol y más aún si tú lo haces. Sabemos perfectamente lo que se siente ir perdiendo en una final y tener la presión del tiempo en contra de tu equipo, por lo que tienes que romperte las rodillas por ganar y dar vuelta el partido. Hoy, jugar a la pelota no nos hace convertirnos en Juana tres cocos, porque el fútbol ya no es sólo un deporte para hombres.

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