Reflexiones de una no creyente

“Me sentí afortunada porque no estuve obligada a entregarle mi fe a algo sin realmente creer en eso”.

Todos los fines de octubre/principios de noviembre están plagados por varias fechas importantes, para todos aquellos que practican religiones, desde los cristianos en general con el día de todos los santos y el día de todos los muertos, los evangélicos y protestantes, con el día de las Iglesias Evangélicas y Protestantes (valga la redundancia) y hasta los adoradores de creencias más radicales y poco convencionales, con la celebración de la noche de brujas (Halloween).

Para mí todo es válido, siempre y cuando tu celebración no signifique molestar a los demás.

No soy una persona creyente ni practicante. Me defino agnóstica. Desde que era chica algo en mí no calzaba, lo que me enseñaban en el colegio y el “angelito de la guarda” que me hacía rezar mi abuelita todas las noches, no tenían mayor significado en mí. Me sentía confundida y un poco sola cuando le hablaba a algo que debía protegerme.

Nunca probé una ostia, no alcancé a hacer la primera comunión. Pero después me sentí afortunada porque no estuve obligada a entregarle mi fe a algo sin realmente creer en eso.

Con los años he llegado a la conclusión de que no me ha hecho falta tener algo en que creer, más allá de lo que veo. No me molesta lo que crean los demás, incluso me gusta escuchar las distintas costumbres de cada credo. Me entretiene conocer por ejemplo, qué diferencia a los jesuitas de los legionarios, a los evangélicos de los Testigos de Jehová, etc. Lo único que me molesta es que he conocido pocas personas tan tolerantes como yo hacia los que creen, y viceversa.

A veces me siento como mal por decir que no soy creyente. En un país tan cristiano como el nuestro, es como un estigma decirlo. “¿No crees en nada?” con cara de asombro me han preguntado montones de veces. “No, no creo” Tengo que repetir con insistencia. ¿Me hace esto una persona mala? ¿Estoy vacía acaso porque Dios no está en mí? Yo digo que no, creo tener bastante más cosas en mí que llenan mi vida y si no creo, no creo no más. El asunto no es de nadie más, es solo mío.

Es en estas fechas en que me siento más bicho raro, y en pascua de resurrección, en los matrimonios, en la misma navidad, etc., siento la obligación de decir: ¡Bicho raro y a mucha honra!

Vive y deja vivir, les digo yo a todos aquellos que sienten que deben peregrinar y convencer al resto de que lo que creen es la verdad absoluta y no existe nada más. ¿Qué es la verdad? Uff… yo creo que nadie lo sabe con seguridad. En cambio, disfrutemos la libertad de elegir y practicar y de recibir respeto si también lo das.